Bienvenidos una vez más, queridos amantes del misterio, el terror y lo oculto a mi pequeño rinconcito de Internet. A pesar de que los testigos del veneno estaban empeñados en que esta semana aprendiésemos sobre sustancias poco recomendables (a saber con qué oscuras intenciones), los sectarios os habéis alzado por mayoría. Esta semana vamos a echarle un vistazo a dos de las sectas más mortíferas de los últimos tiempos, ambas de EEUU. Entre las dos acumulan más muertos que dinero vuestra cuenta bancaria, así que preparad vuestro seguro de vida alien y acompañadme en este periplo religioso.

Heaven’s Gate

Heaven’s Gate fue fundado en 1972 por Marshall Applewhite, profesor de música, y Bonnie Lu Nettles, enfermera. Ambos se habían conocido después de que él sobreviviera a una experiencia cercana a la muerte. Fue Bonnie Lu la que convenció a Marshall de que esto de las sectas era una buena idea.

La premisa de Heaven’s Gate (Puerta del Paraíso en castellano) era un tanto surrealista, pero acostumbrados como estamos a oír hablar de la Cienciología, quizá os parezca pecata minuta. Básicamente Jesús era un alien, pero no un alien de Marte o algo así, no, era un extraterrestre solo en alma, esotérico. Los habitantes del Reino del Paraíso (un reino en alguna galaxia lejana) cultivaron a los seres humanos de la Tierra y en época de Jesús decidieron que nosotros, miserables mortales, ya estábamos preparados para ser “recipientes” de almas. Jesús se convirtió en un “recipiente” cuando fue bautizado y eso le permitía enseñar a otros cómo llegar al Siguiente Nivel.

¿No habéis entendido nada? No pasa nada, el resumen es que Jesús tenía alma de alien y eso le permitía enseñar a los demás a tenerla. Si tenías alma alien podías ir al Siguiente Nivel, que básicamente era como un pasaje al Paraíso (alien, por supuesto). Para conseguirlo había que purificar el cuerpo, nada de sexo, comida rápida o cualquier posa que pudiese infectarlo. Vamos, el infierno en la Tierra.

Marshall y Bonnie Lu, que se hacían llamar Ti y Do, convencieron a unos cuantos incautos de todo esto. ¿Cómo? Es algo que se escapa a mi imaginación. Ellos también habían conseguido la iluminación que les hacía merecedores de su alma alien, eran la segunda venida de Cristo, directamente desde otra galaxia, y por lo tanto podían enseñarles el verdadero camino del Señor. Una nave espacial les llevaría a su nuevo y mejor hogar, pero para eso tenían que ser merecedores de ello. Así que montaron su cuartel general en Colorado y se esforzaron en lo que quiera que hagan en su vida diaria los sectarios. Supongo que aburrirse comiendo brócoli y manteniendo una distancia de seguridad de dos metros.

Al cabo de un tiempo surgió un problema. Nadie podría habérselo imaginado, pero el tiempo pasaba y la nave espacial no llegaba. Increíble, ¿verdad? Para colmo de males, Bonnie Lu murió en 1985 sin ascender a ningún plano superior ni nada, sino de un común y terrenal cáncer. Casi como si no fuese un ser semidivino ni nada de eso. Algunos de los miembros más escépticos decidieron que aquello era una tomadura de pelo y que sin nave espacial ellos no iban a seguir perdiendo su tiempo allí, así que empaquetaron sus pertrechos y se piraron.

El constante goteo de fieles en deserción comenzó a preocupar a Marshall, pero en 1997, sus oraciones o lo que quiera que hiciese fueron respondidas con la aparición del cometa Hale-Bopp. Escondida tras el cometa, dijo Marshall a sus acólitos, estaba la nave espacial que les llevaría al tan ansiado paraíso cristiano-espacial. Solo había un pequeño problema: para llegar a ella había que suicidarse. ¡Ups!

Marshall convenció a treinta y ocho pobres almas para que se suicidasen. Vestidos todos ellos con un uniforme consistente en ropas negras, zapatillas Nike, una banda en el brazo que decía Heaven’s Gate Away Team y cinco dólares y cuarenta y cinco centavos para cubrir los gastos cuando llegasen al Paraíso (ser sectario no implica ser poco precavido), los miembros de la secta se fueron suicidando por tandas, tomando fenobarbital mezclado con comida y vodka y asfixiándose con una bolsa de plástico. Cuando uno estiraba la pata, otro le quitaba la bolsa de la cabeza, lo depositaba sobre su cama y lo tapaba, todo muy ordenado y coqueto. Por cierto, el grupo usó como eslogan para motivarse el “Just do it!” de Nike, lo cual tiene cierto toque hilarante.

Como curiosidad, decir que en Heaven’s Gate tenían normas para todo, hasta sobre cómo cocinar tartas. Según un exmiembro del culto, no podías ni decidir hacerlas más grandes, ni más pequeñas de lo acordado… literalmente. Dios quiere tartas de treinta centímetros de diámetro, ni uno más, ni uno menos. El suicidio colectivo también se ejecutó según su propio manual de normas, porque si las tartas han de ser exactas, imaginaos cómo de exacta ha de ser la muerte. También creían en el amor sin contacto pues, cuando llegasen al Reino del Paraíso no habría sexos. Esto les llevó a renunciar al contacto sexual y a la más que evidente conclusión de castrarse los genitales en el caso de varios cultistas de género masculino, incluido el propio Marshall. Todas estas cosas hacían que esta secta fuese toda una fiesta, ni siquiera al alcance de las mejores orgías bacanales.

Curiosamente su web sigue funcionando, aunque ha sido modificada desde su desaparición. En ella tenéis de todo, desde el libro del grupo hasta transcripciones de sesiones de preguntas y comentarios de la Biblia. A continuación os dejo el enlace, a título informativo. Cuidado, pues su estilo web de los años 90 puede dañar las retinas.

https://www.heavensgate.com/

Peoples Temple

Peoples Temple (Templo del Pueblo) fue fundada en 1954 por el reverendo Jim Jones. Jim Jones, que podría ser descrito como una mezcla de Elvis, el asesino de Lenon y un cura, no era especialmente devoto, pero lo que sí había sido siempre era un ávido lector de los textos  comunistas. En 1951, asistió junto a su madre a un seminario del Partido Comunista de EEUU y a la salida el FBI acoso un poco bastante a su madre. A Jim esto le marcó y decidió que iba a infiltrarse en la Iglesia. El objetivo era demostrar que era comunista pero sin que el Gobierno le metiese una bala entre ceja y ceja por espiar para Rusia, supongo. Una vez dentro empezó a ver que aquello de ser reverendo movía dinero y gente, sintió un subidón de poder y una cosa llevó a la otra.

Mezclando cristianismo y comunismo, Jim formó el Peoples Temple. Entre sus actividades se encontraban las siempre populares curaciones de fe, ya sabéis, esas curaciones milagrosas en las que una persona aleatoria se levanta en medio de un sermón y grita “¡Puedo ver!”. Seguro que lo habéis visto en más de una seria o película. El caso es que, evidentemente y viendo que esto traía mucho dinero a la congregación, Jim empezó a realizar curaciones falsas usando hígados de pollo y otras cosas propias de la Edad Media que, en esencia, no curan. También llevaba a cabo clarividencias en las que tenía visiones del futuro. Me atrevería a decir que en la intimidad, probablemente hablaba con los muertos.

Pintando a Jesús como un icono comunista, recomendando abstenerse del sexo y solo adoptar hijos y atacando la Biblia, la organización se fue volviendo cada vez más rígida. Comenzó a exigir todas las propiedades terrenales de sus discípulos (las espirituales no, que esas no valen un cagarro) y a cambio el Temple les proveería de todo lo necesario para vivir. Vamos, que los seguidores de Jim entregaron sus casas y riquezas a cambio de cuencos de arroz.

Allá por el 1961 y viendo que no se le hacía fácil conseguir adeptos, Jim dijo que había tenido una visión en la que Indianápolis (donde estaban afincados) volaba por los aires en medio de un ataque nuclear. Recordemos que era plena Guerra Fría y ese era un miedo muy presente entre la población. Con la excusa del apocalipsis nuclear, cogió a sus seguidores y se los llevó a California, donde todo el mundo es notablemente más propenso a creerse cualquier mierda. Así fue reclutando a miles de personas para su comuna religioso-comunista. Años más tarde, en San Francisco, su poder de convocatoria se mostró vital en la elección de George Moscone como alcalde de la ciudad. Eso y algunos guiños de ojo a grupos radicales hicieron que Jim y su grupo entrasen en el radar de las autoridades (aún más).

Con la paranoia a cuestas, en 1974 se alquilan un terruño en Guyana y se montan el proyecto agricultural de Jonestown, bien lejos de miradas indiscretas. Pero el interés por el Peoples Temple era inapelable y las declaraciones de los disidentes de la organización no hacían más que alentar las llamas de la curiosidad pública.

En 1978, el representante del distrito de California, Leo Ryan, fue para investigar los testimonios de abusos dentro del Temple. Varias familias se acogieron a la protección de Ryan, decididas a desertar del Peoples Temple, descrito por uno de ellos como “un campo comunista de prisioneros”. Jim hizo lo que cualquier líder racional haría y los tiroteo antes de que pudieran largarse, Leo Ryan incluido. Como no era tonto, sabía que matar a un político de aquel nivel a tiros (por no mencionar a todos los que le acompañaban) suponía el final de su carrera como líder religioso. Volvió al asentamiento y ordenó la “noche blanca” un suicidio en masa, un “suicidio revolucionario”. Muchos de sus seguidores no estaban de acuerdo, pero eso para él eran detalles. Un suicidio en masa no tiene nada de revolucionario si te puedes librar de él así porque sí, así que a los que no se quisieron tomar sus tacitas de cianuro, se les inyectó a base de jeringa. A la mañana siguiente, las autoridades guyanesas se encontraron con más de 900 cadáveres y muy pocos supervivientes, entre ellos una viejecita que se había quedado dormida antes de que todo pasara y se despertó en medio de un montón de cadáveres. Jim Jones había muerto, aparentemente, por un tiro en la cabeza, algo mucho menos doloroso que el cianuro.

Y hasta aquí llegamos por hoy. Tenía pensado añadir unas cuantas más, pero estas dos se han extendido casi tanto como su número de víctimas. Como lejos está de mi intención aburriros, tendremos que dejar otras sectas tan interesantes como la Rama de los Davidianos o la Orden del Temple Solar y sus sacrificios de bebés Anticristo para otro día. Ante todo recordad que estas terribles masacres comenzaron como proyectos más o menos inocentes, si bien descabellados en el caso de Heaven’s Gate). Mi consejo, si queréis escucharlo, es que no os fieis de los de Herbalife. Nunca se sabe.

Aquí Sheila, reportando para todos vosotros las historias más increíbles, los fenómenos más extraños y las cosas que nadie quiere que sepáis.

Cambio y corto.