Bienvenidos una vez más, queridos amantes del misterio, el terror y lo oculto a mi pequeño rinconcito de Internet. Esta semana, muchos de vuestros amigos y amigos de vuestros amigos parecían tener un especial interés en el siempre apasionante mundo de los venenos, por supuesto con inofensivas intenciones. Así que esta semana vamos a repasar algunos de los venenos más populares a lo largo de la historia (y de los más mortales). Tened a mano vuestro catador personal y acompañadme a dar un paseo entre plantas venenosas.

-CICUTA

La cicuta, el famoso veneno que terminó con la vida del filósofo Sócrates en la Antigua Grecia. Allí era empleado para ejecuciones y suicidios, pero la realidad es que esta es una planta de lo más común en Europa. Lo más probable es que la hayáis visto cientos de veces y no la hayáis ni siquiera reconocido, pero una cantidad pequeñísima es suficiente para que muráis en aproximadamente 30 minutos, con dolores, taquicardia, temblores y pérdida del habla incluidos. Para más inri, el envenenamiento por esta adorable planta no tiene por qué ser de forma directa. Si un pato se ha comido una semilla de cicuta y tú te comes el pato, ahí tienes, envenenamiento servido a la carta. La muerte por cicuta es dolorosa y emocionalmente angustiosa. Nada de muerte plácida para un intoxicado por cicuta, así que los que os dijeron que Sócrates no sintió nada cuando estiró la pata os mintieron.

¿Qué pasa si le dais a la cicuta sin enteraros? Pues que ya podéis correr al médico para que os hagan un lavado de estómago, porque no tiene antídoto.

-DATURA

La datura, también conocida como estramonio, es otra de esas plantas de andar por casa que todos o muchos de nosotros hemos visto sin saber que, si nos la comíamos, nos íbamos al hoyo. Donde yo vivo, solemos llamarlas “campanillas” por la característica forma de su flor. Asesina envenenadora por excelencia dentro del mundo vegetal, la datura es conocida por provocar alucinaciones de lo más curiosas en dosis bajas, como objetos y animales que hablan o ver “fantasmas”. Esto hizo que fuese una planta usada por chamanes y similares para tener visiones. En dosis altas (como la mitad de una cucharadita), produce dolor de cabeza, piel ardiente, pulso débil y habla y movimientos descoordinados y débiles. Y la muerte, claro, como todo lo que sale en este artículo, en este caso por paro cardíaco.

Para salvarte de una muerte por datura, el médico te tiene que administrar fisostigmina y hacerte comer carbón activado, un tratamiento que ya desde antaño se ha usado para este tipo de cosas pero que, oye, funciona. Si todo esto falla, siempre puedes rezar al dios que más te guste y esperar un milagro.

-ARSÉNICO

El arsénico es uno de los venenos más populares que ha habido a lo largo de la historia y todo un protagonista en las novelas negras de época, donde morían más personajes por culpa suya que de vejez. Al contrario que la cicuta y la datura, el arsénico es un metal y desde la época de los romanos se empezó a refinar en forma de un particular polvo blanco que desaparecía al mezclarlo con comida o bebida, excepto por el sabor dulce que producía. ¿Esto qué quiere decir? Pues si habéis leído alguno de mis otros artículos, sabréis que muchas cosas que envenenan han sido usadas a lo largo de los siglos para cosas tan peculiares como tónicos de la tos y pintura (altamente tóxica, por supuesto). Los romanos usaban este metal no para matar, sino para endulzar sus bebidas. No fue hasta el Renacimiento cuando se convirtió en el veneno de moda, por eso de que no había análisis de sangre ni laboratorios especializados. Vamos, el arma perfecta para acabar con esos odiosos rivales políticos sin que ni ellos ni nadie se diesen cuenta. Ya entrados en mi amado s.XIX, el arsénico se convirtió en algo al alcance de toda mujer despechada o ansiosa de enviudar gracias al Tónico de Fowler, uno de esos tónicos que servían para todo.

El envenenamiento por arsénico no suele ser cosa de una sola dosis (aunque puede serlo), sino de una exposición prolongada al mismo, un pequeño pellizquito en el café diario, por ejemplo. Al de un tiempo de consumirlo de forma continua, la víctima comenzará a sentir nauseas, diarrea y una retención de líquidos que se manifiesta sobre todo en la cara. El tratamiento consiste en dimercaprol, un componente que ayuda a excretarlo y funciona también con otros metales como el mercurio. Básicamente, cualquier cosa que ayude a echarlo del cuerpo.

-CIANURO

Más conocido como “el veneno con el que se suicidó Hitler”, este veneno era ya conocido por los antiguos egipcios, pero su popularidad nos ha llegado de mano de los nazis y su versión gaseosa en forma del siempre clásico Zyklon B. El zyklon B era el gas con el que se mataba a los internos en campos de concentración. Podemos decir pues, que el hecho de que Hitler muriese de la mano de la versión sólida de la sustancia con la que había gaseado a miles de personas es, como poco, irónico, que no kármico. Eso del Karma solo funciona de una vida a otra, así que no esperéis que el karma ponga en su sitio a los que os han hecho algo malo alguna vez… al menos en esta reencarnación.

Los síntomas que provoca saborear cianuro son, entre otros, dolor de cabeza, ritmo cardíaco lento, pérdida de conciencia, todo tipo de problemas pulmonares y muerte, claro. En realidad es raro que se lleguen a presentar ninguno de estos síntomas, ya que la acción del cianuro es muy rápida y no garantiza que vuestra víctima… esto, quiero decir, que el afectado vaya a sufrir antes de estirar la pata.

El cianuro, al contrario que otros venenos, tiene antídotos, entre ellos el nitrito de amilo, pero dado que actúa tan rápidamente, es poco probable que los afectados puedan ser tratados.

 Como curiosidad, si alguien os está enchufando cianuro en la comida, lo podréis adivinar (aunque, con toda probabilidad, demasiado tarde) por su sabor a almendras.

-TALIO

El talio es uno de esos elementos de la tabla periódica nacidos para matar, como el polonio o el uranio, solo que más discreto. El talio se utiliza en pesticidas y raticidas y es venenoso con solo inhalarlo o tocarlo, así que cuidadín. Además de ser terriblemente fácil de absorber por cualquier tejido de vuestro cuerpo, el talio se puede filtrar a agua, tierra, aire o cualquier cosa viviente y envenenaros de refilón. Es otro de esos venenos que han matado mucho, en la vida real y en la literatura, precisamente por ser incoloro e inodoro. Sus efectos secundarios también están entre los más desagradables: diarrea sanguinolenta, pérdida de cabello y muerte. Y se dejan ver. El talio, en ese sentido, es todo lo contrario al cianuro: tarda tres semanas en hacer efecto y te mata dejando K.O. a todos tus órganos. Este efecto retardado ha sido un aliado de los asesinos, que podían tener una coartada para cuando hiciese efecto. Incluso si uno logra sobrevivir a un envenenamiento por talio, lo más probable es que sus órganos queden tocados e incluso que sufra daños cerebrales.

Su antídoto es la “droga azul de Prusia”, realizada a base de un pigmento llamado azul de Prusia usado en pinturas y para teñir prendas.

Recordad amigos míos, que este es un artículo informativo y de entretenimiento y la información aquí expuesta no debería ser usada por parte de vuestros amigos para acabar con la vida de ningún pobre incauto. Mencionar también que, si queréis profundizar el tema, tenéis el libro “Venenos” de Ben Hubbard, libro que me ha ayudado mucho a la hora de elaborar este artículo.

Aquí Sheila, reportando para todos vosotros las historias más increíbles, los fenómenos más extraños y las cosas que nadie quiere que sepáis.

Cambio y corto.