Bienvenidos una vez más, queridos amantes del misterio, el terror y lo oculto a mi pequeño rinconcito de Internet. La historia es fascinante, pese a lo que os hallan hecho creer en las clases de historia del instituto. Más allá de las pesadas fechas, las listas interminables de reyes y los nombres indescifrables, se encuentran multitud de sucesos interesantes, cómicos, terribles o increíbles. Esta semana habéis decidido que echemos un vistazo a esos acontecimientos históricos peculiares o llamativos que, por desgracia, no suelen llegar a nuestros libros de texto. Así que agarraos al condensador de fluzo, porque nos vamos a dar un paseo por el pasado.

-El hermano chino de Jesucristo

En 1814 nació en China el que sería el hermano pequeño de Jesucristo, Hong Xiuquan. Sí, sí, tal y como lo leéis, el hermano pequeño de Jesús.

Hong Xiuquan se pasó toda su juventud estudiando para conseguir un puesto de funcionario en la capital imperial pero, cuan opositor frustrado a notaría, siempre que se presentó fracasó miserablemente. Frustrado, decidió volver a su casa antes de presentarse una última vez. Por el camino, escuchó a unos misioneros cristianos, que por aquel entonces eran como una plaga de langostas en Asia, pero en el momento no tuvieron un gran impacto en la mente de nuestro joven opositor… hasta que un último suspenso le llevó al colapso mental. Vamos, que tanto suspender hizo que se le fuese la cabeza. Se pasó casi una semana en un estado de delirios, locura y demencia. Durante este tiempo tuvo una visión en la que Dios le decía que era su padre y que Jesús era su hermano mayor. Dios también le dio una espada tope molona para que fuese cargándose a todos esos sucios adoradores de demonios. Típico, ¿a quién no le ha pasado algo así?

Hong Xiuquan se recuperó de este mal trago místico y al de unos cuantos años decidió, en toda su sabiduría, que lo mejor era presentarse una vez más a los exámenes de funcionariado. ¿Qué podía salir mal? Pues que volvió a suspender y se le fue la olla del todo. Comenzó a cargarse todo lo mínimamente demoníaco que se cruzaba en su camino junto con unos cuantos seguidores. Fue por ahí purificando el mundo hasta que se desfogó y volvió a su pueblo… Al volver a su aldea, lo recibió una sociedad secreta de más de 2.000 personas que creían firmemente que era el hijo de Dios. La cosa se desmadró tanto que llegó a ser el dirigente de un miniestado de 30.000 personas dentro de la China Imperial… hasta que el emperador decidió que era hora de ponerle los puntos sobre las íes a esos locuelos religiosos. La cosa le salió regulera, porque Inglaterra y Francia atacaron a China y ganaron. La parte positiva es que, entre tanto, Hong Xiuquan había conseguido hacerse con alrededor de 2.000.000 de seguidores.

¿Y cómo termina todo esto? En uno de los numerosos asedios a los que se veía regularmente expuesto, nuestro mesías chino aconsejó comer maná, ya sabéis, como el que Dios dio a los judíos en el desierto. La cuestión es que traducir al chino es difícil y por el camino, maná dejó de significar pan y pasó a significar hierba. Hong Xiuquan cogió todos los hierbajos de su jardín, se los comió y estiró la pata. Sin cabeza religiosa, su breve imperio colapsó poco después.

-La Cuarta Cruzada, toda ella

El papa Inocencio III era un hombre con un sueño, el sueño de recuperar Jerusalén para la cristiandad, y pensaba llevarlo a cabo contra viento, marea y lo que surgiese. Así que se puso a ello, chantajeando emocional y económicamente a todos los monarcas de Europa, que por cierto no parecían nada emocionados con la idea después de una infructuosa Tercera Cruzada.

Los problemas empezaron desde el principio. Para ir a Jerusalén había dos rutas: la marítima y la que iba por tierra. Esta última era insufrible, así que para llegar cuanto antes a la batalla, los cruzados alquilaron barcos a Venecia. Solo había un problema. ¿Recordáis que os he dicho que nadie estaba realmente demasiado entusiasmado con esta cruzada? Resulta que el día de la partida se presentaron cuatro y el del tambor y se vieron en el apuro de no poder pagar a los venecianos por el transporte. Después de mucho tira y afloja, los cruzados llegaron a un acuerdo con Venecia. Les prestarían los barcos si a cambio atacaban la ciudad de Zara. ¿Cuál era el problema? Pues que Zara era una ciudad cristiana y en las Cruzadas atacar a otros cristianos estaba muy, muy feo. Esto no detuvo a nadie, que conste. Después de saquear y arrasar Zara hasta los cimientos, los cruzados recibieron una propuesta muy suculenta del aspirante al trono bizantino, Alejo. Si le ponían en el trono de Constantinopla les pagaría el oro y el moro. Así que ni cortos ni perezosos, los cruzados asediaron Constantinopla, pusieron a Alejo en el trono y, cuando este no pudo pagarles, volvieron a arrasar la ciudad.

Y así es como la Cuarta Cruzada terminó con las vidas de más cristianos que infieles y nunca recuperó Jerusalen.

Vinieron por Dios, se quedaron por las putas y los barcos

-Una señora se pone a bailar y la lía parda

Todos conocemos la peste negra, la temida plaga que acosó a Europa en la Edad Media y que acabó con dos tercios de la población, pero esta no fue la única epidemia que campó a sus anchas por el continente. Las pestes eran algo común, entre otras cosas porque básicamente la gente comía donde cagaba y bañarte implicaba una posibilidad nada desdeñable de morirte de un catarro. ¿Y por qué os estoy diciendo esto? Pues porque hubo una plaga que no tenía nada que ver con ningún virus, bacteria o baño mortal.

En 1518 estalló en Estrasburgo (por aquel entonces parte del Sacro Imperio Romano) la Plaga del Baile. Un buen día, una señora salió a la plaza del pueblo y se puso a bailar como si le fuese la vida en ello. Las horas pasaron y la buena mujer seguía bailando con más ritmo que Michael Jackson en sus tiempos mozos. Su baile se extendió a lo largo de días y la gente se le fue uniendo. Las autoridades intentaron parar a los ya cientos de danzantes pero, aunque paraban de bailar cuando eran agarrados, en cuanto volvían a ser libres volvían al bailoteo. De algún modo, se llegó a la conclusión de que la cura para aquello era que la gente bailase más, así que se construyó una pista de baile para los afectados. Esto no los curó en absoluto y fueron cayendo como moscas, ya fuese por ataques al corazón o de puro agotamiento. Técnicamente se curaron… si es que a morirse se le puede llamar curarse.

La epidemia cesó de forma tan misteriosa como llegó, cuando un día la gente simplemente dejó de bailar.

-Una prenda de vestir femenina causa miles de muertes

No, no me estoy refiriendo al corset, cuya maldad se ha sobredimensionado lo que no está escrito. Me refiero al guardainfantes, también llamado crinolina. Esta prenda de vestir femenina, en uso desde el siglo XV al XIX, se usaba para darle volumen a las faldas… mucho volumen. Las faldas enormes de princesas, nobles y adineradas fueron creciendo en tamaño a lo largo del tiempo, hasta el punto de que hizo falta construir toda una estructura para poder llevar la falda más amplia del mercado sin morirse de calor. Imaginaos una especie de jaula alrededor de la cintura hasta tocar el suelo y por encima de ella la falda. Este gran tamaño fue el que le dio el nombre de guardainfantes, pues se decía que las mujeres ocultaban a sus amantes debajo de su falda, pero más allá del chascarrillo, también obligó a modificar la arquitectura de los edificios. Estos armatostes eran tan grandes y difíciles de manejar que las mujeres que los llevaban apenas podían pasar por las puertas, que tuvieron que ser ampliadas para que no se quedasen bloqueadas en ellas.

Os estaréis preguntando dónde entran las miles de muertes en todo este asunto. Precisamente el hecho de que no pudiesen pasar fácilmente por las puertas es la clave. En el s. XIX, cuando las crinolinas llegaron a su máximo esplendor, la seguridad contra incendios no era nada efectiva. De hecho, puede decirse que con la explosión demográfica en las ciudades, los incendios eran más peligrosos que nunca. Evacuar a la gente de sitios en llamas es un poco difícil cuando las mujeres de la sala ni siquiera pueden pasar por la puerta.  Uno de los casos más terribles y conocidos fue el que se dio en la Iglesia de la Compañía de Jesús, en Chile, donde 2.000 fieles murieron entre agónicos sufrimientos al no poder escapar del edificio, bloqueado por culpa de las crinolinas que no permitían el paso en medio del pánico generalizado.

La belleza es sufrimiento, dicen, y a veces incluso muerte.

-Una planta lleva a todo un país al colapso económico

En el s.XVII las flores se convirtieron en un símbolo de estatus y riqueza. No todas, claro, solo las que eran bonitas y exóticas. En definitiva, las que eran caras, que margaritas puede tener cualquiera. Los tulipanes se introdujeron en Países bajos en la segunda mitad del s.XVI y en seguida causaron furor. Lo aleatorio de sus colores, las extrañas mezclas y su exotismo llevaron a que esta planta se convirtiese en todo un icono. Su precio se fue elevando y algunas variantes especialmente raras eran bautizadas con nombres de gente ilustre, cuan calles recién inauguradas. Como en todas partes hay listillos, la gente empezó a especular con los bulbos de los tulipanes. Muchos dejaron sus trabajos para dedicarse al cultivo de esta flor, se hipotecaron y vendieron mansiones para comprar ejemplares únicos, se dejaron de cultivar productos de primera necesidad para plantar tulipanes… Toda una locura tulipanera.

En los años 20 del s.XVII, el precio de un bulbo rondaba los mil florines, el equivalente a diez años de trabajo para el holandés medio. Y, si incluso hoy en día cuesta percatarse de cuándo se está formando una burbuja económica, imaginaos por aquel entonces. Por desgracia, el tulipán no dejaba de ser una flor sin más valor que el que uno le atribuyese. Finalmente, esta burbuja estalló cuando, de un día para otro, pasaron de venderse a precios exorbitados a no poder vender medio kilo por 1.250 florines. Todo el mundo comenzó a intentar vender sus tulipanes, pero ya nadie quería comprarlos. Los que se habían endeudado, adelantando dinero para comprar bulbos que todavía no habían sido cosechados. se vieron en la ruina, sin ninguna posibilidad de pagar sus deudas. Con muchos negocios y grandes fortunas en bancarrota, la economía desestabilizada por completo y los cultivos esenciales sustituidos para centrarse en el cultivo de una planta que de repente no valía nada, los Países bajos se vieron en quiebra en menos que canta un gallo.

Y así es como una flor se cargó toda una economía.

Aquí Sheila, reportando para todos vosotros las historias más increíbles, los fenómenos más extraños y las cosas que nadie quiere que sepáis.

Cambio y corto.