Bienvenidos una vez más, queridos amantes del misterio, el terror y lo oculto a mi pequeño rinconcito de Internet. Esta semana habéis decidido que volvamos a retomar uno de los temas clásicos: asesinos en serie. Y qué mejor asesino para reabrir sección que John Wayne Gacy, el payaso asesino. Gacy asesinó al menos 33 personas, todos ellos hombres jóvenes de entre 15 y 21 años, a quienes asaltaba sexualmente. Las acciones de Gacy dejaron en shock a su comunidad, que lo tenía como un buen vecino, pero a mí no me sorprende. Siempre he desconfiado de los payasos (y de cualquiera que intente incitar al jolgorio con métodos tan escabrosos). Pero si vosotros os sentís con la suficiente valentía como para enfrentaros al más grotesco de los payasos, quizá podáis acompañarme en esta andanza por la vida de John Wayne Gacy, el Payaso Asesino.

John Wayne Gacy nació el 17 de marzo de 1942 en Chicago, Illinois. Varias fuentes indican que tuvo una infancia normal excepto por las brutales palizas que le propinaba su padre, lo cual para mí no suena muy normal que se diga. Y cuando digo palizas quiero decir palizas, nada de darle un cachete o unos azotes con la zapatilla. A los cuatro años le zurró con un cinturón de cuero por tocar una pieza del coche de John Gacy Sr.. En otra ocasión, su padre le dejó inconsciente a base de golpes con una escopeta. Todo esto sin tener en cuenta que uno de los amigos de su padre abusó de él cuando era pequeño. Con nueve años sufrió un accidente que quizá afectó a su cerebro y su desarrollo: un columpio le golpeó en la cabeza, dejándole inconsciente y provocándole un coágulo de sangre en el cerebro que le provocaría pérdidas de conocimiento durante los siguientes años.

Así que como podéis ver, el cúmulo de circunstancias que rodearon al joven Gacy en sus primeros años de vida quizá tuvo algo que ver en sus posteriores acciones. Ya desde joven presentaba tendencias extrañas, como robar la ropa interior de su madre y esto solo empeoró con los años. Claro que, por otra parte, mucha gente sufre abusos y no se convierte en payasos homicidas… literalmente.

A los dieciocho años se mudó a Las Vegas para probar fortuna y consiguió trabajo como asistente en una morgue, un trabajo ideal para cualquier futuro asesino en serie. Una mañana abrió la tumba de un joven adolescente y le acarició y le abrazó. El trabajo no le duró mucho ya que su jefe descubrió que Gacy trasteaba con la ropa de los difuntos. Después de esta aventura laboral frustrada, Gacy se inscribió en la universidad, donde descubrió que tenía un gran talento para las ventas. El bueno de John podía venderte una estufa en pleno desierto si le apetecía. Poco después de descubrir este talento, y quizá gracias a él, consiguió casarse con una joven de familia pudiente. Doy por hecho que fue su labia lo que le ganó el corazón de su mujer, ya que físicamente parecía un Dani De Vito congestionado.

Sin embargo, a pesar de estar casado, a Gacy le iban los hombres más que a un tonto un palo, pero recordemos que en esa época, ser gay o bisexual estaba feo, así que se limitaba a lanzar insinuaciones sexuales a sus empleados en el mejor de los casos y a acosarles sexualmente en el peor.

En 1968 fue arrestado por abuso sexual de menores y condenado por sodomía y John se declaró culpable. Esto dio al traste con su primer matrimonio y sorprendió a todo su entorno, que jamás se había imaginado algo así de Gacy. Yo, personalmente, desconfiaría de cualquiera con esa cara. No sé por qué, pero sus rasgos gritan “secuestro niños en una furgoneta a la salida del colegio”.

Tras salir de la cárcel 18 meses después, se montó una constructora y rehízo su vida, casándose con su segunda mujer, Carole Hoff, una divorciada que claramente no sabía dónde se estaba metiendo. En 1971 volvió a tener problemas con la ley (ya sabemos que la cabra siempre tira al monte) y fue acusado por intentar violar a un joven. Los cargos fueron levantados ya que el joven no se presentó en el juicio.

En 1972 cometió su primer asesinato, un joven de quince años a quien apuñaló, pero no fue descubierto. De hecho, a pesar de que acosaba continuamente a sus trabajadores, su mujer solo se divorció de él en 1976, cuando Gacy comenzó a traer pornografía homosexual a casa, aunque también se comenta que llevaba jovenzuelos a su garaje. Si yo hubiese sido ella, me habría divorciado en 1975, cuando John se unió al Club de Payasos Jolly Joker. Esto es puro sentido común, ya que si tu marido se une a un club de payasos, está claro que oculta siniestras intenciones. Para colmo de males, su nombre de payaso era “Pogo”. ¡Pogo! Si mi marido se hiciese llamar “Pogo el Payaso” estaría preparando una cuerda de la que colgarme en menos que canta un gallo.

A partir de aquí comenzó realmente la espiral homicida de John Wayne Gacy.

De 1976 a 1978 asesinó a 30 jóvenes: 14 en 1976, 11 en 1977 y 5 en 1978. Años fructíferos sin duda para Pogo. Su modus operandi era sencillo, pero efectivo. Los asesinatos se llevaban a cabo en su casa entre las tres de la mañana y las seis de la mañana. Escogía a hombres jóvenes, a los que incitaba a beber o tomar drogas, les engañaba para ponerse unas esposas con la excusa de que iba a hacer un truco de magia (maldad de payaso, una vez más), los asaltaba sexualmente y los torturaba. Finalmente los estrangulaba, para que fuese todo más personal. Luego almacenaba los cuerpos en su casa o los tiraba al río, depende del espacio que le quedase, supongo.

Finalmente, Gacy fue descubierto después de asesinar a su última víctima en 1978, tras visitar al joven en la tienda en la que trabajaba. La policía ya llevaba un tiempo con la mosca detrás de la oreja y estaba investigando a Gacy, ya que los testigos envueltos en los crímenes aseguraban haberle visto y se puede decir que era una persona inconfundible. Fue acusado y declarado culpable de 33 asesinatos, batiendo el record de número de muertes de un solo asesino en serie en EEUU. Fue condenado a muerte y ejecutado en 1994 mediante inyección letal. Poco antes en una conversación con un periodista, dijo: “Se han escrito 11 libros de tapa dura sobre mí, 31 libros de bolsillo, dos guiones, una película, una obra de teatro off-Broadway, cinco canciones y más de 5.000 artículo. ¿Qué puedo decir?” Luego se apresuró a decir que aquello no inflaba su ego en absoluto.

Cuando el 10 de mayo de 1994 fue llevado a su ejecución, sus últimas palabras fueron “Bésame el culo”.

Elegante hasta el final.

¿Por qué cometió John Wayne Gacy todos estos asesinatos? Uno de los factores pueden haber sido todos esos años de maltrato y abuso, pero bien es cierto que no todas las personas que tienen una infancia lamentable terminan así. El golpe que sufrió en la cabeza no pudo ser el origen de una alteración de comportamiento, ya que exámenes post-mortem aseguran que el cerebro estaba en perfectas condiciones y no presentaba ningún tipo de deformidad o lesión.

Gacy había sido diagnosticado con trastorno antisocial de la personalidad durante su primera estancia en prisión. En su caso además se había llegado a la conclusión de que era intratable y que las posibilidades de que reincidiese y se convirtiese en un peligro para la sociedad eran totales. Entre los criterios de diagnóstico de este trastorno se encuentran la falta de empatía y de remordimientos, constante búsqueda de nuevas emociones, deshumanización de sus víctimas, altos niveles de impulsividad y necesidad de ejercer el control sobre otras personas. Otro posible factor a tener en cuenta, sobre todo a la hora de escoger sus víctimas, es la homofobia que Gacy tenía interiorizada a pesar de que él mismo era bisexual.

Aquí Sheila, reportando para todos vosotros las historias más increíbles, los fenómenos más extraños y las cosas que nadie quiere que sepáis.

Cambio y corto.