Bienvenidos una vez más, queridos amantes del misterio, el terror y lo oculto a mi pequeño rinconcito de Internet. Esta semana volvemos a hablar de uno de mis temas favoritos: los asesinos en serie. En esta ocasión nos alejamos de los asesinos estadounidenses y nos centramos en uno relativamente más cercano: Andréi Chikatilo, el Carnicero de Rostov. Chikatilo acumuló un total de 56 víctimas a lo largo 12 años. Casi nada. Este asesino en serie no es apto para aquellos aprensivos con los crímenes en los que menores de edad están involucrados, así que avisados quedáis. Sin más ni más, al lío.

Andréi Románovich Chikatilo nació en 1936 en Ucrania, por aquel entonces parte de la URSS. Su infancia, como la de todo buen asesino en serie fue más bien tortuosa. Con la entrada de la URSS en la Segunda Guerra Mundial, su padre fue reclutado para ir al frente y posteriormente capturado. Cuando fue liberado y volvió a su pueblo todo el mundo se metía con él, porque menudo parguela, que se había dejado capturar por los nazis y esas cosas. Lo típico, te conviertes en prisionero de guerra y cuando vuelves a tu pueblo la gente te odia. Andréi sufrió mucho por esto, pues empezaron a hacerle bullying en el colegio, pero bullying le han hecho a mucha gente y no todos han terminado matando a decenas de personas.

En casa las cosas no estaban mucho mejor. Su madre era un poco especialita y le contaba a él y a su hermana la historia de cómo a su hermano mayor lo habían raptado para comérselo. Evidentemente, ningún niño lleva bien que le narren la versión ukraniana de Holocausto Caníbal (con su hermano de protagonista), una y otra vez. Tampoco le hacían gracia las palizas que le pegaba constantemente por mojar la cama. Comprensible.

El tiempo solo acrecentó sus problemas de autoestima. Se cree que Andréi había nacido con hidrocefalia, lo cual le provocó problemas en el tracto urinario. Esto sería importante en su adolescencia, cuando descubra los problemas de impotencia que padece. Aquí veremos la primera prueba de sus tendencias agresivas. Frustrado por sus problemas sexuales, agrede a una niña de once años. ¡Pero no temáis! Mientras está intentando reducirla, se corre en los pantalones, así que no hubo daños. Bueno sí, a su reputación. Se ve que la niña fue contándolo por todas partes y ahora, además de por parguela y por hijo de traidor, la gente se reía de él por eyaculador precoz.

En su juventud continuaría con su vida de fracasos al no conseguir entrar en la Universidad de Moscú para estudiar Derecho. No obstante, motivación no le faltaba y consiguió graduarse en Ingeniería Ferroviaria, Lengua y Literatura Rusas y Marxismo-Leninismo (no es coña, al parecer era una carrera). Todo ello apoyado por su esposa, que además de comprender sus problemas sexuales y aceptarlos, le apoyó en sus estudios.

En 1978, Andréi se mudó a Shakhty, un pequeño pueblecito minero. Allí comenzó a ejercer como profesor al mismo tiempo que se daba cuenta de que en realidad no le gustaban las mujeres… le gustaban las niñas menores de doce años. ¿Casualidad? No lo creo.

Fue en este mismo año cuando cometió su primer asesinato. Chikatilo convenció a Yelena Zokotnova, de nueve años, para que le acompañase a una cabaña que tenía en las afueras. Yo aquí veo una clara bandera roja porque, ¿para qué quiere un profesor una puñetera cabaña mugrosa? El caso es que mientras intentaba violar a la niña, esta se resistía a ceder, al igual que su pene se resistía a levantarse. Molesto por todo esto le rajó el cuello a la chiquilla y eyaculó. Luego tiró el cuerpo al río y, a pesar de que le habían visto con la niña y de que su ropa tenías manchas de sangre, no se le consideró sospechoso y en su lugar la policía arrestó a otro pieza, un chaval de 25 años que había sido arrestado durante su adolescencia. El chico confesó haber asesinado a Yelena, pero sinceramente si yo hubiese estado en un interrogatorio en la URSS habría confesado hasta que he matado al Papa con un palillo de dientes. Fue declarado culpable y años después ejecutado por el crimen.

Así que mientras ese pobre desgraciado se pudría en la cárcel esperando a que le colgasen de una bendita vez, Chikatilo se dedicó a continuar con su recién adquirida afición: asesinar. Ojo cuidado, porque en realidad lo que le iba no era el asesinato en sí, sino que, a raíz de esa primera macabra experiencia homicida, este se había convertido en el único método que le permitía llegar al orgasmo. Con el tiempo le echaron de su trabajo de profesor. Había habido acusaciones de abuso sexual a algunos de sus alumnos y eso no gustaba, pero al parecer tampoco era como para encerrarle entre rejas. Andréi encontró trabajo de cajero y prosiguió con su reguero de sangre.

En 1981 volvería a las andadas, esta vez con una chica más entrada en años, prácticamente una anciana para él: Larisa Tkachenko, de 17 años. La joven se negó a mantener relaciones con él y Andréi, a falta de cuchillo, la estranguló y después la mutiló a base de dentelladas. Freud seguro que podría iluminarnos, indicando que estas dentelladas eran la consecuencia directa de las historias de su madre sobre su hermano canibalizado, pero odio a Freud así que me da igual lo que ese viejo pervertido pudiese decirnos al respecto.

A partir de este momento, Chikatilo comienza a matar sin ton ni son. Sus víctimas son jóvenes de ambos sexos entre 9 y 19 años, porque en realidad tampoco es muy exigente a la hora de elegir sus objetivos mientras entren en su rango de edad preferido. A veces ni eso, pues a falta de niños, buen sustituto eran las prostitutas. Su coto de caza eran las estaciones de autobús y tren, donde convencía a jóvenes de que le acompañasen. Una vez a solas, los atacaba y los violaba usando un cuchillo como sustituto de su pene. A veces se comía sus órganos sexuales o las puntas de la nariz, lengua, orejas… Dependía del día. En sus primeros asesinatos les sacaba los ojos, porque el tipo estaba un poco locuelo y creía que su imagen podía haber quedado grabada en las retinas de sus víctimas aunque estuviesen muertas.

 A estas alturas, Chikatilo había superado ampliamente la decena de víctimas, pero ni siquiera se sospechaba de él. La cosa es que de hecho ni siquiera se buscaba a un solo culpable. En esa época los asesinos en serie eran un mito urbano en la URSS. Esas cosas pasaban en EEUU, donde todos eran unos tarados capitalistas, pero no en la Madre Rusia. Sin embargo, con el tiempo las autoridades tuvieron que rendirse a la evidencia de que tenían a un asesino en serie entre sus conciudadanos.

En 1984, su recuento de víctimas llegaba ya a quince… en ese año, y por fin, ¡por fin!, fue arrestado… y liberado inmediatamente, porque parecía un hombre respetable y su grupo sanguíneo no coincidía con el semen encontrado en las víctimas.

Posteriormente fue arrestado nuevamente, esta vez por el  odioso crimen de haber robado un rollo de linóleo a su jefe. Terrible. De su condena de un año en prisión, cumplió tres meses y salió a la calle.

Para 1990, al menos 600 agentes estaban trabajando en el caso y se había elaborado un informe psicológico de 65 páginas sobre el perfil del posible asesino. En una ocasión, un policía de paisano le pilló abandonando la escena del crimen, con manchas de hierba en el traje, pero en absoluto vestido como un montañero. Le pidió los papeles, los miró y le dejó marchar. Pero al menos esta vez, este aparentemente inútil encuentro con la ley le salió caro. El informe que rellenó el policía de paisano despertó la atención de otros agentes y Chikatilo fue puesto bajo vigilancia. El 14 de noviembre fue arrestado al salir de un café, tras seis días de vigilancia.

Al principio, Andréi lo negó todo. Dijo que él solo había tocado a sus antiguos alumnos de forma indecente, pero que ni mucho menos había matado a nadie. Al final, como esto era Ucrania y no el país de la piruleta, terminó confesando un total de 56 asesinatos ni más ni menos. Su juicio fue mediático. En él, Chikatilo permaneció en una celda y, como era un cabronazo del quince, se dedicó a interrumpir el juicio cantando y enseñando sus partes pudendas, entre los lloros y amenazas de los familiares de las víctimas.

Finalmente fue condenado a muerte. Se lo llevaron a una sala insonorizada y le metieron un tiro en la cabeza.

Fin.

Aquí Sheila, reportando para todos vosotros las historias más increíbles, los fenómenos más extraños y las cosas que nadie quiere que sepáis.

Cambio y corto.