Bienvenidos una vez más, queridos amantes del misterio, el terror y lo oculto a mi pequeño rinconcito de Internet. Esta semana habéis votado por sucesos misteriosos, un tema maravilloso y que por desgracia llevaba mucho tiempo sin salir. Pero no es hora de lamentarse, ahora que vuelve de entre los muertos. En el artículo de hoy nos vamos a bordo de un barco muy especial, el USS Eldridge. Supuestamente, este navío habría sido parte de un controvertido experimento, llamado Experimento Filadelfia.

Antes que nada, aclarar que el Experimento Filadelfia es considerado por muchos un bulo y ha sido desmentido una y otra vez por el Gobierno de EEUU, pero seamos realistas, ¿alguien se fía de lo que diga el Gobierno de EEUU? Que ellos lo nieguen es, ya de por sí, prueba más que suficiente para saber que algo se cuece. Y si no mirad cuánto negaron el MK ULTRA…

Ahora vayamos a la historia. Estamos en 1943, en plena Segunda Guerra Mundial, una época maravillosa en la que en Alemania, según dicen, el trabajo te hace libre. Pues bien, en esta idílica parte de nuestra historia, EEUU acaba de entrar como contendiente en la guerra y ve que la cosa está muy chunga y que la clave está en los experimentos. Como en aquel momento la estaban teniendo muy parda con los nazis en el mar, qué mejor sitio para empezar que por la marina.

En un astillero de Filadelfia, el Gobierno había equipado al recién construido USS Eldridge con unos generadores de alta potencia como parte de un proyecto secreto. Todos los rumores entre la tripulación  apuntaban a que estos generadores estaban para crear un potente campo magnético alrededor del barco, lo cual lo volvería técnicamente invisible ante los radares de las embarcaciones enemigas. Los altos mandos habían decidido que ya era hora de poner esta tecnología experimental en acción, así que en plena luz del día, el USS Eldridge se echó a la mar y, en cuanto se vieron rodeados de enemigos, encendieron los generadores.

Y atención a lo que sucedió a continuación, porque esto no pasa ni en un espectáculo de David Copperfield. Después de emitir un brillo verde (o azul, no se sabe) digno de las mejores novelas lovecraftianas, el barco desapareció, no de los radares, sino en general. Puff, se hizo invisible. Visto y no visto, damas y caballeros.

Para coger y liar más la cosa, unas horas después se informó de que el navío había sido avistado en Virginia, para posteriormente reaparecer en Filadelfia como si nada. Bueno, no como si nada. Algunos de los tripulantes estaban terriblemente desorientados y sufrían quemaduras. Otros, pues estaban fusionados a las paredes del barco, con solo el torso fuera y las extremidades soldadas al metal. Es como esa escena de Piratas del Caribe en la que Orlando Bloom encuentra a su padre. Pues lo mismo.

¿Y todo esto es cierto? ¿Qué pruebas hay? Pues mira, yo quiero creer que es cierto porque el mundo ya es lo suficientemente aburrido como para que encima me revienten los pocos misterios que hay en él. Desgraciadamente, lo cierto es que la mayoría de lo que sabemos de este experimento nos viene de la mano de un tal Carlos Miguel Allende (en realidad Carl M. Allen, pero se ve que el señor quería ir de étnicamente diverso por la vida). Este caballero mandó unas cincuenta cartas a Morris K. Jessup, un controvertido periodista de la época que había escrito sobre UFOs y cosas así. En sus cartas, Allende acusaba a Jessup de ser un inculto cateto ignorante (valga la redundancia) que no tenía ni puta idea sobre la teoría de campos unificados. Esta teoría (que intenta juntar la fuerza de la gravedad y el electromagnetismo en una sola, pero que no voy a discutir porque yo también soy una cateta que no tiene ni idea) no había sido probada por nadie, pero se ve que Allende sabía más que nadie. Para demostrarlo le contó que el ejército de EEUU había usado los conocimientos de Einstein (que no había probado la teoría de campos unificados, pero oye, detalles)  para llevar a cabo el experimento Filadelfia. A Jessup todo esto le sonaba muy chungo y le pidió pruebas a Allende, pero este le daba muchas largas y cero pruebas. Jessup estaba a punto de mandarle a freír espárragos cuando fue contactado por dos oficiales de investigación de la marina.

Estos oficiales estaban muy mosqueados porque habían recibido una copia de uno de los libros de Jessup sobre OVNIs, con notitas y garabatos de colegial hablando de la teoría de campos unificados. ¿CASUALIDAD? No, porque Jessup reconoció la letra de esas notas como la de Allende. No sabemos que pasó después entre estos investigadores y el periodista, pero Jessup moriría pocos años después… suicidándose, como suele pasar en estos casos.

Muchos años después, un técnico de la marina aclararía todas las dudas al respecto. Según él todo tenía explicaciones de lo más mundanas. El electromagnetismo era para los radares, el brillo verdoso era por culpa de una tormenta eléctrica y el barco no había desaparecido, sino que había usado una ruta especial a la que no tenían acceso los civiles para desaparecer y reaparecer en seis horas en vez de los dos días normales.

Y yo digo: muy bien, señor técnico electricista de la marina, si sabías todo esto y que se estaba montando un bulo gigantesco con el tema, ¿por qué esperaste cincuenta años para hablar de ello? No solo eso, sino que ¿de dónde saco el tal Allende toda esta información? ¿Sabían los civiles (porque aunque Allende decía haber estado en otro barco, pues a saber) tanto sobre los movimientos del ejército como para inventar cosas tan específicamente coincidentes? ¿Cómo sabía lo de los generadores gigantes? ¿O lo del electromagnetismo? ¿Su cuñado era el diseñador y se lo contó en confidencia en la barra del bar? ¿Era en realidad limpiador de baños en la base militar y oyó algo de refilón?

¡Necesito respuestas y no las tengo!

Y no digo que no tenga razón y esté todo perfectamente justificado, pero veo muchos agujeros en esta narrativa oficial, señor “técnico electricista”, si es que ese es su verdadero cargo…

Aquí Sheila, reportando para todos vosotros las historias más increíbles, los fenómenos más extraños y las cosas que nadie quiere que sepáis.

Cambio y corto.