Bienvenidos una vez más, queridos amantes del misterio, el terror y lo oculto a mi pequeño rinconcito de Internet. El tema de hoy es uno que muchos estabais esperando con ansias y que se quedaba en las encuestas siempre a las puertas de la gloria. Hablamos de Élan, una escuela-reformatorio en EEUU que durante décadas se dedicó a “reformar” jóvenes problemáticos como quien educa a un perro con un bate de béisbol.

Bienvenidos a la escuela infernal, Élan.

Todos tenemos nuestras historias más o menos desagradables y/o terroríficas relacionadas con el colegio. Algunos no quieren volver allí ni en pintura otros lo echan de menos. Pero sea cual sea vuestra posición y experiencias con respecto a nuestras instituciones educativas, seguro que no habéis vivido nada tan terrible como lo que tuvieron que sufrir los alumnos de la institución Élan, una auténtica escuela salida del infierno que se preciaba de poder reformar cualquier adolescente descarriado que enviasen a ella.

En los años 70, en EEUU, se formó todo un negocio en torno a internados dedicados a reformar a jóvenes delincuentes. Muchos padres, desesperados por encauzar a su prole (y ya de paso librarse de ella durante un tiempecito), mandaban a sus hijos a estas instituciones, pagando una buena suma por ello, por supuesto. El problema era que estos sitios te los mandaban de vuelta para casa si tu hijo hacía cosas como, no sé, intentar suicidarse y eso no les molaba nada a algunos padres.

“¡He pagado para que me lo encaucéis y me lo devolvéis con excusas baratas!” –quejas de un padre después de que le devuelvan a su hijo suicida, probablemente.

Élan, sin embargo, era diferente. Fundada en 1970 por Joseph Ricci y otras dos personas que no le importan a nadie, Élan se preciaba de no devolver a ningún adolescente a su casa hasta haber completado su programa de reinserción.

Pero antes de meternos en el meollo del asunto, hablemos un momentito de este tal Joseph Ricci. Ricci era un exheroinómano (el tipo de persona al que uno le confiaría la educación de sus hijos, vaya) que había pasado por la comunidad terapéutica Synanon. Synanon estaba dedicado a rehabilitar, por llamarlo de alguna manera, a drogodependientes. Su estilo de terapia, no obstante, era de lo más peculiar y sectario, haciendo que los hombres en tratamiento lo dejasen de inmediato, cortasen todo lazo con el exterior y usando una práctica que ellos llamaban The Game, en la que se incitaba a los pacientes a insultarse entre ellos de las formas más viles posibles. Terapia de primera.

El caso es que Joseph había pasado por la terapia de Synanon y esto es muy importante, porque de allí sacó todo lo que posteriormente pondría en práctica en Élan. Pero vayamos al meollo de la cuestión: la escuela infernal.

El proceso empezaba con tus padres soltándote allí directamente o con gente mandada por la escuela secuestrándote de tu cama en medio de la noche. ¿Qué? ¿Cómo que secuestrarte en medio de la noche? Pues sí, amigos, literal. Siempre y cuando tus padres diesen su consentimiento, unos señores de blanco podían venir, amarrarte, tirarte a la parte de atrás de una furgoneta y llevarte a tu nuevo hogar. Tu opinión contaba 0. ¿Y si te resistías? Pues comías hostias. Culpa tuya.

Una vez que llegabas allí te llevaban a las duchas, te desnudaban y te desparasitaban como si fueras un prisionero. Para hacerte sentir vulnerable y esas cosas. Después te daban ropas cutres e incoloras, para que perdieses esa individualidad tan molesta. Cuando ya te habías convertido en uno más, los empleados te asignaban un “Hermano Mayor”. Su función era guiarte en tu nueva vida y ayudarte a adaptarte. Menos mal, al menos no estarías solo a través de esta ordalía. ¡Ja, más quisieras! Los Hermanos Mayores incitaban a los recién llegados a intentar fugarse o les engañaban para que rompiesen las normas, para así luego poder reportarlos a los empleados y que se les castigase. Pero… ¿por qué?

Pues porque la estructura interna de Élan estaba basada en la cultura de chivatazo. Los estudiantes estaban divididos en una estricta jerarquía que en la práctica les convertía en carceleros y encarcelados. En esta jerarquía cada puesto conllevaba unos “privilegios” y obligaciones. Cuando habías pasado por todas (o cumplías los dieciocho) se te consideraba rehabilitado y podías marcharte. Cualquier infracción podía hacer que volvieses al principio de la jerarquía. Una de estas categorías era la de “expeditor”. Los expeditores eran básicamente cámaras de vigilancia ambulantes. Andaban por el colegio con una carpeta en la que apuntaban las infracciones del resto de alumnos. Si había pocas, se consideraba que no habían hecho bien su trabajo y se les castigaba.

Y puede que tú hubieses visto el percal y en tu interior pensases: vale, voy a hacer todo lo posible por cumplir todo lo que me digan y salir cuanto antes de este basurero. Pero Élan tenía una lista de normas tan extensa y absurda que era imposible cumplirlas aunque lo intentases con todas tus fuerzas. Algunos ejemplos son:

-Hablar muy alto o muy suave.

-Mirar por las ventanas.

-Lenguaje corporal negativo.

-Ducharte durante más de tres minutos.

-Llevar ropa oscura.

-Pensar en huir.

-Sonreír.

No hace falta ser muy avispado para darse cuenta de que estas normas no estaban para reforzar la convivencia o la educación, sino para ser rotas y poder aplicar castigos a los estudiantes. Estos castigos estaban basados en la humillación y en romper a los alumnos por dentro, para de alguna forma reconstruirlos. En realidad, era pura tortura psicológica. A algunos alumnos se les obligaba a disfrazarse y pasearse con carteles vejatorios. Por ejemplo a un alumno que había intentado huir varias veces se le forzó a llevar un disfraz de conejo rosa y grilletes; a una chica que había sido pillada coqueteando con otro se la obligó a vestirse de bailarina de strip-tease e ir cantando una canción sobre cómo era una puta; una chica fue obligada a llevar una corona de tampones usados por tener sífilis… También hubo alumnos a los que se les obligó a vivir en un contenedor durante semanas o a estar en la esquina. Estar en la esquina puede no sonar tan terrible en comparación con todo lo anterior, pero tiene su miga. Consistía en estar sentado en una silla mirando una esquina todo el día. Comías en la esquina y dormías en la esquina y, si hacía falta, hacías tus necesidades en un cubo. Hubo adolescentes que tuvieron que estar así durante meses.

Uno de los castigos más comunes eran los “general meetings” o reuniones generales en castellano. Estas podían ser convocadas por alguno de los empleados o incluso podías estar en ellas a requerimiento de otro estudiante. Te podían llamar en cualquier momento y a cualquier hora. Uno de los estudiantes era el objetivo y el resto era animado por el administrador a insultarle con todo lo que tuvieran dentro.

“Liberad vuestros sentimientos” –la frase que usaban los administradores de Élan para animar a los estudiantes a gritar.

La intención era parecida al The Game de Synanon, romper a los estudiantes emocionalmente. Esta era la forma de tenerlos controlados y hacer que permaneciesen en un constante clima de terror que los hacía ponerse a los unos en contra de los otros. Aunque claro, tampoco es que hiciese falta mucha incitación, porque como ya he dicho, parte de los requerimientos para ascender y completar el programa eran prácticamente irrealizables si no delatabas a otros. Además, Dios te librase de no participar con el suficiente ánimo en una de estas intervenciones generales, porque entonces lo más probable es que el siguiente objetivo fueses tú.

Si nada de esto funcionaba y resultabas demasiado “problemático” (y recordemos que ser problemático podía ser que sonrieses demasiado), Élan tenía la solución definitiva en el Ring. Sí, como un ring de boxeo, porque eso era precisamente lo que era. Se formaba un corro de alumnos y en el medio estaban el infractor y uno de los alumnos más grandes y fuertes que hubiese, alguien que claramente no pudiese vencer. Aunque no es que eso fuese problema, porque si conseguías aguantar, lo reemplazaban por otro más fresco y descansado para que siguiese apalizándote. El mensaje era que los bullys, siendo TÚ el bully, ojo cuidado, no podían ganar en Élan, así que más te valía adaptarte y tragar con lo que fuese. Por cierto, en Élan también había chicas embarazadas y ellas no estaban exentas del Ring. Incluso cuando un chico murió por culpa de un aneurisma cerebral, esta peculiar actividad continuó su curso y nadie fue a la cárcel por ello.

Después de leer todo esto, supongo que todos tendréis en mente lo mismo. Pero Sheila, ¡esto es horrible! ¿Los padres no hacían nada? ¿Y la sociedad? ¿Cómo se permitía esto? Tranquilos, mis queridos lectores, tengo respuestas para todas vuestras preguntas.

Para empezar, los padres no sabían lo que pasaba dentro. Los alumnos tenían que ganarse el privilegio de poder mandar cartas y aun así estas eran leídas y controladas rigurosamente, tanto las que entraban como las que salían. Por otra parte, muchos padres lo único que querían era que les reformasen a su niño problemático. El cómo les era indiferente.

En cuanto a la sociedad… Evidentemente hubo controversias y rumores, pero veréis, Joseph Ricci era extremadamente carismático. Mucho. El tipo de persona que te puede vender una estufa en un desierto y un refrigerador en un iglú. Cada vez que era preguntado por estos temas (el controvertido Ring incluido), él lo vendía como terapia educativa, como lo mejor para los chicos. Vendía unos datos de reinserción maravillosos (y falsos) y cómo Élan era la única esperanza para estos jóvenes que de otra manera estarían delinquiendo o prostituyéndose. Como en aquella época no había internet y no era tan fácil que la información se esparciese como la pólvora, pues la gente se lo creía.

La escuela fue objeto de controversia cuando Michael Skakel, un pariente de los Kennedy que había estado en la escuela, fue acusado de haber matado a una chica antes de ingresar en la institución. Supuestamente se había pavoneado de ello en Élan, pero esa no es la cuestión, la cosa es que el testimonio de Michael sacó a la luz las técnicas de Élan. La gente vio lo que había allí dentro… Y aun así la escuela no cerró.

De hecho lo que marcaría el auténtico final de Élan fue la muerte de Ricci y con él sus portentosas dotes de vender humo. Cuando su mujer se hizo cargo de la escuela todo fue cuesta abajo y terminó cerrando en… ¡2011! Es decir, que si creíais que esto era algo de cuando Cristo perdió la sandalia os equivocáis. Hace diez años, adolescentes estaban pasando por todas estas cosas y, de alguna manera, sus padres lo consentían (y además pagaban por ello una suculenta cantidad).

Así que, la próxima vez que os quejéis de la escuela o el instituto o lo que más os apetezca, pensáoslo dos veces, porque podríais haber terminado en Élan.

Aquí Sheila, reportando para todos vosotros las historias más increíbles, los fenómenos más extraños y las cosas que nadie quiere que sepáis.

Cambio y corto.