Bienvenidos una vez más, queridos amantes del misterio, el terror y lo oculto a mi pequeño rinconcito de Internet. ¡Esta semana es Halloween! Genial, supongo. No lo sé porque no lo celebro, pero no porque no quiera celebrar costumbres estadounidenses, sino porque soy una vaga antisocial que prefiere quedarse en casa envuelta en una manta. El caso es que, en un afán por retornar a los casos, habéis decidido que esta ocasión hablemos de sucesos misteriosos y un suceso misterioso (aunque algo mundano) os voy a contar. Eso sí, probablemente os quite el sueño porque, quién sabe, os podría pasar a vosotros. Revisad bien todos los armarios y habitaciones de vuestra casa, porque esta semana vamos a hablar de los asesinatos de Hinterkaifeck .

Hoy nos trasladamos hasta Bavaria, en Alemania, más concretamente a una pequeña granja con el sencillo nombre de Hinterkaifeck. El año era 1922 y la familia Gruber vivía tranquilamente en su terruño, atendiendo a sus cosas campestres como cuidar ganado y arar el campo. La familia estaba compuesta por Andreas y su mujer Cäzilia, su hija viuda Viktoria y los dos hijos de esta, Cäzilia de siete años y Josef de dos. Con ellos también vivía una criada, Maria Baumgartner, así que deduzco que el negocio no les iba mal… hasta que un día aparecieron todos muertos.

A base de golpes de azada en la cara.

Andreas tenía la cara reventada. Literalmente. La tenía hundida hacia dentro por culpa de los golpes del arma homicida y solo se veían astillas de hueso saliendo hacia fuera. A su mujer la habían golpeado con dicha azada en la cabeza y también la habían estrangulado, entiendo que antes del azadazo, porque estrangular a alguien a quien le acabas de reventar el cráneo no tiene mucho sentido. La hija de ambos, Viktoria, tenía también media cara hundida y una fractura craneal hecha con una herramienta pequeña desconocida. El niño, al igual que su abuelo, tenía la cabeza destrozada, al contrario que la criada Maria. Ella había sido la que había sufrido una muerte menos cruel, simplemente base de golpes en la cabeza. ¿Y la niña de siete años? Aquí viene lo peor. Su cuerpo fue descubierto degollado y con la mandíbula destrozada; en sus manos tenía mechones de su propio pelo, arrancados por ella misma debido a la ansiedad producida al ver morir al resto de su familia.

Horrible sí, pero ¿qué tiene esto de misterioso? Bueno, aparte del hecho de que no se sabe a día de hoy quién es el asesino de la azada, lo sospechoso del asunto viene a ser todo lo que rodea el caso.

Veréis, Maria era una criada prácticamente recién contratada. Seis meses antes, la criada de toda la vida de los Gruber había dimitido porque estaba convencida de que la casa estaba encantada. Y no es que fuesen idas de olla de una señora de la Alemania profunda, la mujer tenía motivos para pensarlo. Para empezar oía continuamente pasos en el ático y tenía la sensación de que alguien la estaba vigilando. ¿Nunca os ha pasado que vais en el tren o en el bus y notáis que alguien os mira, solo para levantar la cabeza y ver a un señor de aspecto extraño y salivante mirándoos con lujuria? Pues eso, pero en versión espectral de la campiña bávara.

Andreas, el patriarca de la familia, pasó de las advertencias de esta buena señora tomándoselas como patochadas de pueblerina supersticiosa, a pesar de que él mismo también había presenciado sucesos extraños en la granja. En una ocasión había visto huellas desconocidas en la nieve yendo dirección a su casa, pero no había huellas de vuelta. A mí esto ya me habría alarmado, pero bueno quién sabe, igual era alguien que pasaba por allí, en medio de una nevada, paseando. Poco después, Andreas encontró en su casa un periódico que ni él ni nadie de su familia había traído. De hecho, justo un día antes de que la azada pasase de arar campos a arar cabezas, un set de llaves de la casa había desaparecido así, como por arte de magia.

La apacible granja de los Gruber

Y no solo eso, hay más. Cuando la familia Gruber fue asesinada, la gente del pueblo no se preocupó de inmediato. Los Gruber eran un tanto reservados y, por qué no decirlo, raritos. En el pueblo (bueno en varios pueblos de alrededor) se decía que Andreas mantenía relaciones incestuosas con su hija Viktoria y que el hijo pequeño, de padre desconocido, era en realidad el fruto de esta relación incestuosa. No solo eso, sino que según el radiopatio de la zona, Viktoria habría tenido más niños con su padre, que no habrían sobrevivido porque su padre era un locuelo violento que a base de tortas los mandaba volando al Más Allá.

Esto son especulaciones (que pueden ser más o menos ciertas, ni confirmo ni desmiento). Lo importante es que, como podréis imaginar, en el pueblo no estaban muy preocupados porque los Gruber no diesen señales de vida durante días. Solo cuando la niña comenzó a faltar al colegio, la gente pensó: “Oye, que igual hay que ir a ver si siguen vivos, o algo.”

Pero es que incluso aunque les hubiese importado más el estado de la familia, tampoco tenían motivos para preocuparse porque, durante todos aquellos días, había estado saliendo humo de la chimenea de la granja. De hecho, cuando llegaron vieron que los animales habían sido cuidados y alimentados y estaban en perfecto estado… al contrario que los humanos de la casa. Vamos que o el fantasma asesino era un tipo muy considerado o allí había estado viviendo alguien.

El ático donde vivía el misterioso compañero de piso

La investigación policial, como suele pasar en estos casos, fue un cagarro de máxima categoría. Al principio sospecharon que tenían que haber sido bandoleros, pero resulta que allí nadie había robado nada. Descartado el tema de los ladrones, las sospechas recayeron sobre Lorenz Schlittenbauer. Lorenz era el exnovio de Viktoria y otro posible padre del pequeño Josef. Ambos habían estado a puntito de casarse hasta que Andreas se había metido para evitar la unión. Quizá los rumores de incesto sí tenían algo de cierto, oye. Josef, además, había sido parte del grupo que había descubierto los cadáveres y supuestamente los había manipulado así, con mucha dejadez, como quien toquetea frutas en el súper. Josef al final salió de la lista de sospechosos y, entre vosotros y yo, creo que no fue él, porque su actual mujer se habría dado cuenta de la ausencia de su marido si este se hubiese pasado seis meses viviendo en el ático de los Gruber. La policía también se planteó que quizá, y solo quizá, el marido de Viktoria había regresado por fin de luchar en la Primera Guerra Mundial y se los había cargado a todos, pero nope, el tipo estaba muerto y bien muerto.

Llegados a este punto, las autoridades decidieron que no tenían ni idea de qué había pasado o de quién podía haber sido, más allá de que había estado viviendo con ellos durante todo aquel tiempo. Así que, tal y como uno suele hacer en estos casos, los agentes decapitaron lo que quedaba de las cabezas de los Gruber y se las mandaron a un vidente espiritista de la gran ciudad. Total, para nada, porque el vidente dijo que los espíritus no le habían guiado y que no tenía ni idea de quién podía haber hecho aquello. Eso sí, no me quiero ni imaginar la cara del pobre del pobre diablo cuando unos polis de pueblo se presentaron en su estudio pidiéndole ayuda con unas cabezas sanguinolentas bajo el brazo.

La familia Gruber fue enterrada (sin cabezas) y a día de hoy sigue sin saberse nada del asesino, más allá de que era un buen compañero de piso y de que probablemente los odiaba a todos.

Los ataúdes de los Gruber (cabezas no incluidas)

Y ahora, para que os vayáis a dormir con aún peor cuerpo, os diré que este no es, ni de lejos, el único caso en el que la gente ha compartido vivienda sin darse cuenta (aunque sí probablemente uno de los más trágicos). ¡De hecho no es algo tan raro! En 2012 una mujer de South Carolina tuvo a su ex viviendo de incógnito en su ático. Un anciano japonés tuvo a una señora viviendo a saber el tiempo en uno de sus armarios, aprovechando cuando el hombre se iba para salir a rumiar comida del frigorífico. En 2013, unos estudiantes de la Universidad de Ohio se dieron cuenta de que tenían un inquilino en el sótano cuando empezaron a encontrar el microondas y armarios abiertos de forma aleatoria…

Vosotros también podríais tener a alguien en vuestra casa, mirándoos a través de un agujerito y oliéndoos el pelo mientras roncáis…

Aquí Sheila, reportando para todos vosotros las historias más increíbles, los fenómenos más extraños y las cosas que nadie quiere que sepáis.

Cambio y corto.