Bienvenidos una vez más, queridos amantes del misterio, el terror y lo oculto a mi pequeño rinconcito de Internet. Como primer artículo del año habéis decidido que hablemos de lugares abandonados, sitios siempre con encanto, tengan o no historias trágicas detrás. ¿Y es que, qué hay mejor que todos esos lugares dignos de un futuro lejano y distópico? Nos hacen soñar, nos hacen sentirnos nostálgicos y nos hacen pensar que nuestro mundo no son solo aburridos edificios de hormigón. Así que pillad vuestras polaroid del siglo pasado y acompañadme en este nostálgico paseo por sitios abandonados con encanto.

-Prisión submarina de Rummu

Si hay algo que gustaba a los soviéticos ese algo eran las prisiones. Bueno, las prisiones y probablemente el vodka, pero sobre todo las prisiones. ¿Y acaso es de extrañar? Al fin y al cabo, en los buenos viejos tiempos, uno podía detener a todos esos sediciosos y usarlos para levantar la economía a base de trabajos forzados. Menos delincuentes y “trabajadores” gratis, era un win-win para el gobierno de turno.

La prisión submarina de Rummu, situada en Estonia, era uno de estos lugares. La mina, que se dedicaba a la extracción de piedra caliza, abrió en los años 30. En los años 40 se construyó la prisión y estuvo operativa hasta finales de los años 90. Evidentemente, los trabajadores eran prisioneros, porque pagarle a alguien para que pique piedra, pudiendo no hacerlo, es de parguelas.

Al ser submarina, el agua tenía que ser constantemente bombeada para que los prisioneros pudiesen excavar y en el momento en que dejó de extraerse el agua marina, esta inundó las instalaciones. Cuando la mina cerró, la prisión de Rummu se fusionó con la cercana prisión de Murru (cuyos trabajadores también habían sido mineros forzosos). Ambas cerraron en 2012 y hoy en día el lugar es un cuasi paradisíaco spot turístico especialmente atractivo para los amantes del buceo.

-Hachijo Royal Hotel

En las islas Izu, a apenas 300 km de distancia de Tokyo (Japón), se encuentra el gigantesco y abandonadísimo Hachijo Royal Hotel, un hotel que en sus mejores tiempos habría hecho las delicias de cualquier estrella de Hollywood que se precie.

El hotel abrió sus puertas al público en 1963, fruto del espíritu emprendedor de Eiji Yasuda, que vio la oportunidad de hacer caja gracias a las estrictas normas que el gobierno japonés había instaurado en la época. No sé si muchos seréis conocedores de la historia económica de Japón, pero lo cierto es que desde hace mucho, mucho, tiempo, no es especialmente boyante. De hecho, el país nipón lleva eones en recesión (lo cual no es bueno). Sé que esto no os importa un cagarro, pero es importante en el contexto de esta historia. Veréis, en los años sesenta, el gobierno japonés lo último que quería era que los ciudadanos japoneses se fuesen a otros países a gastar sus yenes, así que ponía muchas pegas para poder salir por ahí de vacaciones.

Putas y barcos sí, pero solo dentro de las fronteras nacionales, mon amie.

El Hachijo Royal Hotel abrió precisamente en esta época, intentando ser un sucedáneo de Hawaii. El gobierno llegó a promocionar la isla como el “Hawaii de Japón” y, como la gente no tenía muchas posibilidades de ir al Hawaii de verdad, pues acogió el sucedáneo mercadona con los brazos abiertos. Los problemas para el hotel vinieron cuando se decidió abrir fronteras y dejar que los japoneses visitasen otros sitios. Una locura en mi opinión, no como las de los soviéticos (esos sí que se lo sabían montar con sus agencias laborales punitivas). Con el declive de huéspedes foráneos, el hotel entró en decadencia, cambiando de nombre varias veces, hasta su cierre en 2006. El enorme edificio, sin embargo, sigue ahí, testigo mudo de un pasado luminoso.

Imagen: Ralph Mirebs/Exclusivepix Media

-Las Fortalezas Marinas de Maunsell

Más propias de una distopía de primera categoría (en oposición con la utopía de tercera categoría en la que vivimos), las Fortalezas Marinas de Maunsell eran torres armadas en medio del estuario Thames y del estuario Mersey. Diseñadas por Guy Maunsell (de quien toman su nombre) y construidas en 1942, en plena Segunda Guerra Mundial, su función era la de ejercer de defensa marítima del Reino Unido en la creciente contienda. Cada fortaleza consistía en una torre central que ejercía de torre de control, unida a otras seis torres menores que actuaban a modo de satélites para la central. Las siete estaban conectadas mediante pasarelas. Los que habéis jugado al Metal Gear Solid 2 os podéis hacer una idea de la estructura pensando en las instalaciones de Big Shell.

Aunque a simple vista parecen trailers sobre patas metálicas a punto de colapsar sobre sí mismas, lo cierto era que cada una constaba de siete pisos y alojaba a 120 hombres, armadas con Bofors (cañones automáticos antiaéreos de calibre de 40mm) y, evidentemente, equipadas con radares. Eran construidas sobre tierra y luego se hundían en el agua, donde empezaban a estar operativas.

Con el final de la Segunda Guerra Mundial y la tercera entrega de la trilogía distante en el horizonte, las Fortalezas Marinas de Maunsell perdieron su utilidad y cayeron en desuso. Muchas fueron derruidas por los elementos de la naturaleza, pero algunas aún se mantienen en pie y están intentando ser restauradas. Aunque están abandonados, se puede acceder a ellos en bote.

-Hospital Beelitz-Heilstätten

¿Qué hay más tenebroso que un hospital abandonado? Un hospital abandonado nazi. Aunque para ser justos, el hospital Beelitz Heilstätten no empezó como una institución nazi per se. Es solo que, con el tiempo, en Alemania todos los edificios cayeron en manos de los nazis y tal. En realidad, Beelitz Heilstätten (al que a partir de ahora llamaremos hospital Beelitz por pura comodidad), fue construido en 1898 y su función era, principalmente, alojar y tratar a pacientes con enfermedades respiratorias, como la siempre famosa tuberculosis. Para los que me sigáis de cerca, sabréis que los tísicos eran unos tétricos que raptaban niños para sacarles la sangre, pero ese es otro tema. El caso es que este enorme hospital (constaba de más de 60 edificios) no empezó como un diabólico edificio nazi, sino como un diabólico edificio tuberculoso.

Cuando llegó la Primera Guerra Mundial, el edificio hizo las veces de hospital militar y, de hecho, en él se alojó Adolf Hitler, después de quedar cegado y temporalmente tullido por un ataque de gas. Tal vez fue por eso que, llegada la Segunda Guerra Mundial, Adolf lo usó para tratar a sus soldados. En 1945, fue ocupado por los soviéticos y soviético permaneció hasta 1994.

A pesar de que la mayoría del complejo ha sido abandonado, pequeñas partes todavía se utilizan y, desde 2015, se ha construido una plataforma que rodea los edificios para las visitas guiadas.

-Central de Energía de Charleroi

La central de energía de Charleroi, en Bélgica, fue construida en 1921. En su momento una de las centrales más activas en la quema de carbón del país, cayó en desgracia cuando la gente empezó a preocuparse por el medioambiente y por chorradas como “respirar aire saludable”. Y la central de Charleroi no es que ayudase precisamente a eso de mantener el aire impoluto. Eso de quemar carbón ya de por sí es contaminante, pero es que esta señora era la responsable ella solita del 10% de la contaminación producida por este tipo de energía en Bélgica.

Pero no todo son pulmones cancerígenos. Charleroi también fue responsable en gran medida del rápido crecimiento económico del país en el período de entreguerras, cuando la industria belga floreció y el uso de electricidad se disparó.

En los años 70, los dueños de la planta decidieron que el carbón estaba out, pasado de moda, y se pasaron a la explotación del gas. Reequiparon las instalaciones por completo y la modernizaron, pero por lo visto el problemilla de la contaminación seguía ahí. Cuando en 1990 salieron los datos, Greenpeace puso el grito en el cielo y dio por culo hasta que en 2006 cerraron la central y el edificio quedó ahí, a merced de la naturaleza.

Aquí Sheila, reportando para todos vosotros las historias más increíbles, los fenómenos más extraños y las cosas que nadie quiere que sepáis.

Cambio y corto.