En busca de respuestas imposibles

Bienvenidos una vez más, queridos amantes del misterio, el terror y lo oculto a mi pequeño rinconcito de Internet. Hoy, por petición popular, nos vamos a adentrar en uno de los sucesos más misteriosos del siglo XX que, aun a día de hoy, sigue sin respuesta. Imaginaos que tenéis un hobby y, por una de esas cosas de la vida que nunca llegaré a entender, ese hobby se lleva a cabo en el exterior y requiere esfuerzo físico. Organizáis una pequeña aventura con vuestros amigos en torno a dicho hobby, pero pasa algo y lo que parecía un viaje placentero pasa a convertirse en una auténtica pesadilla. No es el guion de una peli mala de serie Z, no, os está pasando a vosotros y ahora os arrepentís de no haber hecho caso a esa chica rara de Internet que decía que uno nunca debe alejarse de su casa ni para bajar al portal. Para vosotros todo esto solo es un supuesto, pero para nueve jóvenes rusos fue una terrible realidad que acabaría con sus vidas.

En enero de 1959, un grupo de diez personas, se embarcaron en una ruta cuyo objetivo era alcanzar la montaña Gora Otorten, lo que suponía desplazarse unas 300 millas de terreno en medio del duro invierno ruso. Liderados por Igor Dyatlov, un carismático joven de 23 años, eran nueve estudiantes de la Universidad Federal de los Urales y un antiguo compañero exmilitar, todos ellos alpinistas expertos de Grado II. Esta expedición sería la que les otorgase la cualificación para pasar a ser Grado III, la calificación más prestigiosa en el ámbito del alpinismo en la Rusia de la época. Vamos, que no eran novatos precisamente.

El problema de todo esto es que nunca volvieron. De los diez montañeros, nueve aparecieron muertos en unas circunstancias que, a día de hoy, siguen rodeadas de incógnitas.

Los diez alpinistas que participaron en la expedición

¿Y qué paso con el montañero restante? ¿Sobrevivió para contar lo que pasó? Sí y no. Simplemente se marchó antes de que pasase nada, si no aquí no habría ningún tipo de misterio. Yuri Yudin abandonó la expedición más o menos hacia la mitad, debido a problemas de salud. Gracias a Yudin, se conocen cuáles fueron los movimientos del grupo hasta el 28 de enero. El resto de la información que se tiene ha sido recompuesta en base a restos de diarios y fotos.

Los días 29 y 30 transcurrieron dentro de la normalidad. Comenzaba la parte difícil de la expedición, abandonando carreteras y adentrándose por completo en la montaña, todo ello, recordemos, bajo el siempre agradable frío invernal de Rusia. Acamparon en la montaña llamada Kholat Syahkl por los Mansi, una tribu local, literalmente la Montaña de la Muerte en su idioma. Cobarde como soy, a mí ni se me habría ocurrido la posibilidad de pasar por un sitio con un nombre tan acogedor, menos aún acampar, pero el grupo necesitaba prepararse para el ascenso al Otorten y, lo creáis o no, esa noche no pasó nada malo. El día 1 de febrero, sin embargo, los recibió con un temporal adverso que dificultaba la visibilidad, provocando que se desviasen del rumbo previsto. Al darse cuenta, decidieron montar el campamento y esperar a que la tormenta amainase un poco para recuperar la orientación. Quizá para no perder la altura que ya habían ganado o como un reto extra, Dyatlov, el líder, decidió acampar en la pendiente en lugar de en un bosque algo más refugiado a 1,5 km. del lugar. Para matar el tiempo, los alpinistas se dedicaron a escribir un ensayo jocoso sobre el viaje, llamado Una tarde en Otorten, en el que detallaban las actividades que habían llevado a cabo hasta entonces.

Todo ello en una montaña que, recordemos, los lugareños llamaban la Montaña de la Muerte y en medio de una tormenta de mil demonios. Nadie puede negar que eran valientes.

A partir de aquí es donde los hechos se vuelven borrosos, casi tanto como esa tormenta que les hizo desviarse.

El grupo tenía que hacer contacto el 12 de febrero pero, dada la naturaleza de la expedición, un retraso era algo que entraba dentro de las posibilidades y no cundió la alarma. Fue hacia el día 20 de febrero cuando familiares y amigos comenzaron a alarmarse. Se organizó una partida de rescate compuesta por voluntarios, a los que más tarde se unirían la policía y los militares, y se pusieron en marcha.

El día 26, el grupo de rescate dio por fin con el campamento de los jóvenes alpinistas, pero la situación en la que lo encontraron los dejó sin habla.

Una de las fotos que se encontraron en los rollos recuperados por el grupo de rescate

La tienda había colapsado y tenía un desgarro en uno de los laterales. Dentro estaban las pertenencias de los alpinistas, pero ni rastro de ellos. Esto dio cierto optimismo a los rescatadores. Quizá todavía estaban vivos y se habían refugiado en alguna cueva o algo por el estilo. Si en ese momento la capa de nieve hubiese sido menor, habrían podido ver que los cuerpos de sus amigos y familiares estaban no muy lejos de allí, enterrados bajo la nieve.

A la mañana siguiente reemprendieron la búsqueda. Encontraron ocho pares de huellas descendiendo por la pendiente, pero lo raro era que parecían haber sido hechas por alguien descalzo o, como mucho, vestido con calcetines. Si eso era así, ¿qué podía haberlos asustado tanto como para abandonar la relativa seguridad de su tienda sin botas? Bajo esas temperaturas, andar descalzo podía desembocar en la congelación de los miembros y posterior gangrena, algo que podía resultar fatal. Las huellas se perdían al cabo de 500 metros, pero un poco más allá, bajo un cedro, encontraron restos de una fogata. Muchas de las ramas del árbol estaban rotas, como si alguien hubiese intentado escalarlo.

El grupo de rescate encuentra la tienda de campaña y las pertenencias de los desaparecidos

El 27 de febrero acabó con las esperanzas de encontrar a los jóvenes con vida que el grupo de rescate pudiese tener. Se encontraron los cuerpos de cuatro de los nueve desaparecidos. A continuación, y dado que es una parte muy importante para poder entender por qué el caso ha desconcertado tanto al mundo, dejo las situaciones en las que fueron encontrados cada uno de ellos:

  • Yuri Doroshenko: fue descubierto bajo el cedro, cerca de donde estaba la fogata, lleno de pequeños cortes y moratones y vestido únicamente con su ropa interior. Tenía el labio superior hinchado y la cara y las orejas cubiertas de sangre seca. En las mejillas tenía una sustancia gris y espumosa, su sien derecha y uno de sus pies habían sido quemados. La causa de la muerte fue determinada como hipotermia.
  • Yuri Krivonishenko: fue hallado al lado de Doroshenko. También en ropa interior, presentaba abrasiones y moratones de reducido tamaño en abdomen y extremidades. Sus manos estaban quemadas. Le faltaba la punta de la nariz, así como un trozo de carne de un nudillo de su mano izquierda. Dicho trozo de carne se encontraba en su boca, como si se lo hubiese arrancado él mismo. Su muerte fue también por hipotermia.
  • Igor Dyatlov: fue encontrado a 300 metros del árbol donde estaban Doroshenko y Krivoshenko, casi como si hubiese intentado volver al campamento. Tenía las manos fuertemente cerradas, los brazos cruzados sobre el pecho y también tenía moratones y abrasiones. Las heridas de las manos eran muy parecidas a las que se producen en una pelea a puños y le faltaba un incisivo en la parte inferior de la dentadura. Tenía el labio ensangrentado y apenas iba vestido. Como dato curioso, su reloj se había parado a las 5:31 a.m.. Causa de la muerte: hipotermia.
  • Zinaida Kolmogorova: fue descubierta boca abajo a 630 metros del árbol, aparentemente intentando volver al campamento. Su cuerpo estaba en condiciones similares al resto salvo por un moratón de unos 30 centímetros en la zona lumbar, causado con toda probabilidad, por un golpe con un objeto contundente. Zinaida llevaba más ropa que sus otros tres compañeros, pero la causa de la muerte fue, una vez más, hipotermia.
  • Rustem Slobodin: sus restos fueron hallados el 5 de marzo, a 480 metros del cedro, entre Igor y Zinaida. Al contrario que el resto, iba calzado, aunque solo le quedaba puesta una bota. Presentaba el mismo tipo de heridas menores que sus compañeros, pero tenía el cráneo fracturado, aunque no de gravedad. La causa de la muerte, como ya habréis adivinado, fue hipotermia, a pesar de que, al igual que Zinaida, iba mejor vestido que el resto.
El cuerpo congelado de Rustem Slobodin, tal y como fue encontrado por el grupo de rescate

A excepción de Dyatlov, todos los cuerpos que aparecieron boca abajo habían sido movidos después de su muerte, ya que las autopsias confirmaron que habían fallecido boca arriba. El resto de expedicionarios no fue encontrado hasta dos meses después. Thibeaux-Brignolles, Dubinina, Zolotaryov, y Kolevatov fueron encontrados en un barranco, cubiertos por cuatro metros de nieve, pero solo uno de ellos había muerto de hipotermia. Todos iban bien vestidos y se especuló que tal vez habrían cogido las ropas de sus compañeros.

  • Alexander Kolevatov: el único fallecido de hipotermia de este segundo grupo. Tenía la nariz rota, el cuello deformado y le faltaban ojos y párpados, probablemente por culpa de los animales carroñeros. Tenía una herida abierta debajo de la oreja izquierda. Sus ropas presentaban restos de radioactividad.
  • Semyon Zolotariov: su muerte se produjo por aplastamiento de la caja torácica. Todos los huesos de la parte superior derecha estaban rotos. También le faltaban ojos y párpados y parte de su cráneo quedaba expuesta debido a una enorme herida abierta en el lado derecho de su cabeza. En las manos sostenía un trozo de papel y un boli.
  • Nikolai Thibeaux-Brignolles: encontrado a dos metros de los otros dos. Presentaba múltiples fracturas craneales y la causa de la muerte era un golpe en la cabeza. Era uno de los pocos que iba calzado.
  • Lyudmila Dubinina: descubierta a un metro de sus compañeros. Su cuerpo era el que estaba en peor estado. Compartía el aplastamiento torácico con Zolotariov, le faltaban los tejidos blandos de la cara y la lengua. En su estómago se encontró una gran cantidad de sangre, lo cual sugería que quizá se le había cortado la lengua mientras aún vivía. Al igual que Kolevatov, sus ropas eran radioactivas.

En la autopsia se determinó que las heridas por aplastamiento no podían haber sido producidas por armas y que se asemejaban a las que sufrirían las víctimas de un accidente de tráfico.

El caso dejó perplejas a las autoridades. Nada tenía sentido. ¿Por qué habían abandonado la tienda en medio de una tormenta, dejando atrás todo tipo de herramientas útiles? ¿Por qué habían huido en diferentes direcciones antes de reagruparse? La falta de ropa en algunos de los alpinistas podía deberse a la hipotermia (ya que, llegado cierto punto, la persona empieza a sentir calor y tiende a desnudarse), ¿pero dónde y cómo se habían hecho heridas tan variopintas?

Hay multitud de teorías al respecto. Una de ellas es el miedo a una avalancha, pero la escasa inclinación de la pendiente hacía que eso fuese imposible. Algunos sugieren que fueron los militares, que supuestamente tenían una base cerca, quienes habrían acabado con la vida de los jóvenes. Otros apuntan a que fueron atacados por miembros de las tribus Mansi. Teorías más sofisticadas indican que infrasonidos producidos por un fenómeno llamado calles de vórtices de Karman, podrían haber inducido ataques de pánico entre los alpinistas que les habrían hecho actuar de forma irracional. Y luego, por supuesto, está quien dice que fueron aliens, porque ningún buen misterio está completo sin una posible causa alienígena.

¿Y vosotros qué creéis? ¿Fueron víctimas de alguna condición meteorológica que les obligó a abandonar su refugio o hay causas más siniestras detrás de todo esto? ¿Un accidente natural o quizá paranormal?

Aquí Sheila, reportando para todos vosotros las historias más increíbles, los fenómenos más extraños y las cosas que nadie quiere que sepáis.

Cambio y corto.