Bienvenidos una vez más, queridos amantes del misterio, el terror y lo oculto a mi pequeño rinconcito de Internet. Una semana más estamos aquí explorando curiosidades de la humanidad que pueden o no haceros perder la fe en nuestra especie. En esta ocasión, vuestros amigos parecían muy interesados, con fines educativos, en diferentes métodos de tortura. Así que a continuación os presento algunos de mis favoritos, no todos porque si no, no acabamos nunca. Llamad a vuestro seguro y comprobad que se hace cargo de daños por tortura porque hoy vamos a hundirnos de lleno en el mundo de la tortura.

CUNA DE JUDAS

Comenzamos nuestro periplo por estos apasionantes artefactos de interrogación, castigo o, por qué no decirlo, ocio de los espectadores, con la Cuna de Judas. Este método de tortura consistía en una especie de potro de madera de tres patas, terminado en una pirámide de madera bien puntiaguda. Usado por todas las inquisiciones a lo largo y ancho de Europa (porque no solo de Inquisición Española vive el hombre), estaba diseñado para obtener una confesión rápida del reo en cuestión. ¿Cómo, os preguntaréis? Fácil. Se suspendía al posible brujo/hereje/delincuente sobre la punta de la pirámide mediante unos arneses. Si no hablaba se le bajaba un poco sobre la pirámide y la punta de este incómodo asiento penetraba, bien en su ano, bien en su vagina. En caso de que el sujeto careciese de este miembro reproductor, siempre se podía apuntar al perineo, con la intención de crearle un agujero nuevo. Como a nadie le gusta que le agranden forzosa y dolorosamente sus orificios íntimos, los interrogados cantaban en un periquete.

La cuna de Judas siguió usándose en el siglo XX por parte de dictaduras militares hispanoamericanas y se dice que le añadieron mejoras como, por ejemplo, corriente eléctrica.

LA PERA DE LA ANGUSTIA

Pasamos a otro instrumento pensado también para todo tipo de orificios corporales: la pera de la angustia. Llamado así por su forma, parecida a la de la fruta, este objeto consistía en un mango y un bulbo (con forma de pera, valga la redundancia) que se abría al accionar un resorte en el mango. Este bulbo podía o no tener puntas metálicas en cada una de sus caras, al gusto del consumidor. Su uso era de lo más sencillo y gráfico. Primero se introducía por el agujero que más rabia le diese al agente de la ley (o torturador, si es que os gusta esa palabra tan chabacana), después se accionaba y el aparato se abría produciendo desagradables y muy dolorosos desgarros internos, acompañados probablemente de hemorragias, muerte o no poder volver a sentarte jamás.

Por ahí dicen que este aparato estaba reservado a brujas y mujeres homosexuales. No os dejéis engañar por esta gente que vive obsesionada con las quemas de brujas. La pera de la angustia estaba dirigida a todos los públicos, independientemente de su edad, sexo, orientación sexual o casa de Hogwarts.

TORO DE FALARIS

No hay artículo sobre instrumentos de tortura que esté completo sin una alusión a este impresionante artefacto de cocina alternativa no apta para  veganos. El toro de Falaris fue inventado por un pobre desgraciado a las órdenes de Falaris, tirano de Sicilia allá por el s. VI a.C.. El artefacto no era otra cosa que una gran estatua de bronce con forma de toro. Por dentro estaba hueca y, a través de una portezuela, se podía introducir a la víctima en el vientre del animal. Después se ponía en el fuego, lo cual hacía que el pobre diablo se cociese a fuego lento dentro de la estatua. Además, en una muestra de ingenio la mar de curiosa, el “estómago” conectaba con unas aperturas en los orificios nasales del toro, lo cual hacía que los gritos del moribundo se escuchasen como si fuesen los mugidos de la bestia. Doy por hecho que este cachivache se usaba para ejecuciones tortuosas y no precisamente para conseguir respuestas de ningún tipo en un interrogatorio.

El toro de Falaris, más que por su contribución a la gastronomía canibalística, es conocido sobre todo por la leyenda asociada a su diseñador. Perilo, que así se habría llamado, habría muerto a manos de su obra cuando la presentó al tirano, que decidió probarla con él.

EL APLASTAPULGARES

Después de los tres anteriores, este pequeño instrumento puede pareceros pecata minuta, pero no os dejéis engañar, porque era de lo más insidioso. El aplastapulgares es uno de los instrumentos de tortura más antiguos de la historia y ha habido multitud de diseños. En general, el más usado consistía en dos placas de metal o madera paralelas y un eje metálico que hacía que se juntasen o separasen. Los dedos de la víctima (de pies o manos, eso daba un poco igual) eran introducidos entre ambas placas y se apretaba, de tal forma que el dolor fuese aumentando de forma progresiva en uñas, nudillos, huesos y carne. Un uso prolongado del aplastapulgares podía llevar, no solo a deformidades o rotura, sino a la pérdida permanente de los dedos a causa de la falta de flujo sanguíneo.

Imaginaos tener que pasar unos cuantos días con algo así en vuestros dedos. Puede que no lleve a una muerte horrible, pero yo, personalmente, prefiero ahorrarme el trance de probarlo.

LA GOTA

Hasta ahora no hemos salido de la buena y vieja Europa en nuestro periplo por los caminos de la tortura y el ocio alternativo. Es hora de cambiar eso con un viaje a China, uno de mis lugares preferidos en el planeta y nuestros posibles futuros dueños.

Este método de tortura de lo más económico, consiste en tumbar al sujeto boca arriba sobre una plancha de madera o metal, y atarlo, claro, que si no se escapa. Sobre su cabeza, un recipiente deja caer sobre su frente una gota de agua fría cada cinco segundos. Una de las leyendas urbanas que corren con respecto a este método de tortura es que el goteo continuo termina penetrando el cráneo, pero nada más alejado de la realidad. Lo que sí que hace es causarte irritación en la zona… y volverte loco. Este goteo constante no es solo de lo más incómodo, sino que además impide que el reo duerma. Aquellos que tenéis la suerte de dormir bien no lo sabéis, pero la falta de sueño puede afectar muy seriamente a tu salud mental. A ello se añade el hecho de no poder beber el agua cuando la sed ataca. Al cabo de pocos días, la víctima muere de paro cardíaco, pero para entonces la muerte debe parecer más una bendición que un castigo.

Desde aquí quiero recordar a los bots chinos que a veces se pasean por la web que me gusta su cultura. Por favor, no me maten.

Aquí Sheila, reportando para todos vosotros las historias más increíbles, los fenómenos más extraños y las cosas que nadie quiere que sepáis.

Cambio y corto.