Bienvenidos una vez más, queridos amantes del misterio, el terror y lo oculto a mi pequeño rinconcito de Internet. Ansiosos por continuar en vuestro camino hacia la sabiduría, esta semana habéis decidido que continuemos hablando de los dioses y la mitología griega.

En la anterior entrega sobre esta nuestra mitología griega nos quedamos justo en el momento en el que Zeus y sus hermanos acababan de derrotar a su padre Crono y se estaban repartiendo todo lo que existía. Zeus se llevó el dominio sobre el cielo y el aire, Poseidón sobre los océanos y Hades sobre el Inframundo. Sus hermanas no se llevaron nada, pero eso es normal porque eran mujeres y en la Antigua Grecia las mujeres eran como de segunda o tercera clase. Tranquilos, al menos dos de ellas pronto se llevarían un premio mejor que cualquier dominio: la polla de Zeus. Pero dejémonos de obscenidades, ahora que ya sabemos un poco cómo se formó el mundo de la mitología griega, vamos a pasar a conocer a sus protas más emblemáticos.

Empecemos por Zeus, rey de los dioses y padre biológico de al menos media humanidad. Nada más acabar la guerra contra su padre Crono, Zeus tuvo movida con su abuela Gea. Gea no estaba nada contenta con que su nieto hubiese encerrado a sus tíos, los titanes, porque al final todos eran familia y encarcelar a tus familiares está un poco feo. Le declaró varias guerras (que perdió vilmente) hasta que, harta de sufrir más derrotas, creó a un monstruo, Tifón. Tifón era una serpiente que escupía fuego y se la lio tan parda a Zeus que este tuvo que pedirle ayuda a otros dioses para derrotarlo.

Entre guerra y guerra, Zeus se decidió a iniciar su propia vida familiar. ¿O debería decir continuar? Seguro que ahora esperáis que cuente cómo se casó con su hermana Hera, pero lo cierto es que Zeus tuvo antes otras esposas. La primera de ellas fue Metis, la que puede que le diese (o no) el emético que le dio a Crono para que vomitase a sus hijos. ¿Qué le pasó a Metis que ni Dios la conoce hoy en día? Pues que fue un poco estúpida. Sabiendo la historia familiar de Zeus, con padres derrocados por sus hijos una y otra vez, le contó a su esposo que el segundo hijo que tuviesen juntos le iba a derrocar. Plan sin fisuras. Esto a Zeus no le gustó ni un pelo así que, siguiendo el ejemplo de Crono, decidió tomar ejemplo y atajar el problema de raíz así que se la comió, porque ante todo Zeus era un tipo precavido. La cosa es que Metis estaba embarazada cuando se la zamparon y, abra cadabra pata de cabra, Zeus dio a luz a Atenea vía craneal. Vamos, que de algún modo al cual no quiero darle muchas vueltas por mi propia salud mental, Zeus parió una hija por la cabeza después de comerse a su esposa embarazada. ¿Y lo más gracioso de toda esta historia? Metis era la diosa de la prudencia.

Antes de llegar a Hera, el protagonista de nuestra historia tiene como otras cinco esposas aparte de Metis. Entre ellas cabe mencionar a su tía Temis, con quien tuvo a las Parcas y a su tía Mnemosine, con quien tuvo a las Musas. Curiosamente ambas eran titánides, por lo que cabe deducir que el arresto domiciliario de los titanes que tanto enfadaba a Gea debía estar reservado a los de género masculino. Su hermana Deméter es considerada su cuarta esposa y con ella tuvo a Perséfone.

La séptima y última de sus mujeres fue Hera y su mal avenido matrimonio se presagiaba desde la fase del cortejo. Veréis, Zeus estaba emperrado en casarse con su hermana, pero la cosa es que ella pasaba de su culo. Normal, por otra parte, teniendo en cuenta que había tenido otras seis esposas y una de ellas había sido vilmente canibalizada. Pero a Zeus eso del consentimiento le importaba entre poco y nada, así que sabiendo que Hera era una amante de los animales (no en un sentido literal, valga la aclaración), se convirtió en un cuco en problemas para que ella lo rescatase. Después se la tiró. Ahí ya Hera consintió en casarse con él, porque “qué remedio”.

Como ya hemos podido comprobar, Zeus, además de mal nieto y mal hijo, era mal marido. Estar casado no era ningún impedimento para que engañase a Hera con todo lo que se cruzase y se moviese. Si para ello tenía que raptar, violar y convertirse en diferentes animales de lo más pintorescos (no necesariamente en este orden), pues se hacía. Al fin y al cabo era el rey de los dioses y esas cosas. Esto, evidentemente, dejó un reguero de hijos así que no os sorprendáis si un día de estos descubrís que vuestro tátara-tátara-tátara-abuelo era Zeus. Como es comprensible, esto a Hera no le gustaba ni un pelo y, como los tenía bien puestos y además era rencorosa de pelotas, se dedicaba a hacerle la vida imposible a amantes, hijos bastardos y muy habitualmente a su marido.

Pero eso es historia para otro momento, sigamos con Zeus. Por lo visto, además de mal familiar, Zeus también era mal gobernante. Vamos, un dechado de virtudes. El resto de dioses del Olimpo se cansaron en seguida de su tiranía (y de que fuese tan creído) y organizaron una revuelta en la que participaron prácticamente todos. Decididos a darle una lección, le ataron a la cama mientras dormía y le robaron el rayo. Por desgracia esta situación duró poco. La nereida Tetis (metiche por antonomasia y madre del conocidísimo Aquiles) avisó al Hecatonquiro Briareo que lo liberó con sus cien brazos. Zeus procedió a vengarse y darles una lección a esos sucios traidores, pero no me explico el cómo. Vale que Zeus era poderoso y tal, pero en la rebelión estaban metidos muchos dioses también poderosos y además tenían el rayo que le habían robado. Llamadme conspiranoica, pero esto huele a chamusquina.

Los dioses habían salido escarmentados de esta revuelta frustrada y juraron no volver a hacerlo jamás, pero uno de ellos no había aprendido la lección. El titán Prometeo, aparentemente decidido a hacer su buena acción del día y algo encariñado con esos tristes mortales que eran los seres humanos, robó el fuego divino de los dioses para dárselo a los humanos. Se lo entregó a una mujer y la mantuvo lejos. Zeus se cabreó mucho, entre otras cosas porque Prometeo ya se la había liado más veces. Con la ayuda de Hefesto, encadenó a Prometeo y le ordenó a un águila que le comiese el hígado. Claro, la cosa es que Prometeo era un titán y el hígado le volvía a crecer… una y otra vez. Ya de paso, se vengó también de la humanidad creando a Pandora y dándole una jarra (que no una caja, ojo) llena de todo lo malo que os podáis imaginar, sabiendo que Pandora era una curiosa que no podría evitar abrirla (más que nada porque la había creado él).

Y de momento lo dejamos aquí. ¿Qué hemos aprendido de todo esto? Pues principalmente que Zeus era mala gente, así en general, y que además tenía una plot-armor que impedía que le derrotasen, porque si no, no se explica.

En la próxima entrega de Mitología Griega, hablaremos de Poseidón o Hera, depende de como sople el viento.

Aquí Sheila, reportando para todos vosotros las historias más increíbles, los fenómenos más extraños y las cosas que nadie quiere que sepáis.

Cambio y corto.